Pensamientos sobre la educación
Tengamos en cuenta que, en Canadá, nadie con promedio menor de 9,5, después de hacer una licenciatura de tres o cuatro años, es admitido en la carrera de Medicina. Adolfo J. de Bold.
Se pueden hacer reflexiones útiles sobre la educación cuando se comparan las bases del desarrollo de diferentes sistemas. El del nordeste de Estados Unidos es de gran interés porque ha influido significativamente en la evolución cultural y económica moderna. Cuando Domingo Faustino Sarmiento quiso traer a Argentina este modelo de educación, el trasplante no funcionó, pero dejó valiosas lecciones. El sistema educativo norteamericano fue creado por los puritanos. El puritanismo fue una secta cristiana (anglicana) que migró desde Inglaterra en 1624 hacia el noreste del subcontinente norteamericano, a la zona conocida hoy como Nueva Inglaterra. Se caracteriza por una independencia feroz (las parroquias no obedecen a una autoridad central) y por una existencia muy frugal y ordenada. Reconoce el valor de la educación, en parte, para que la gente común pueda leer la Biblia.El puritanismo creó una sociedad muy sólida en la Nueva Inglaterra del siglo 17. Permitió el desarrollo de la Universidad de Harvard, fundada en 1636 y considerada la mejor del mundo. Harvard, Yale y otras instituciones antiguamente elitistas, se autoreforman sobre las bases de la meritocracia a ultranza, lo que les permite ser los actuales líderes educativos y científicos mundiales.Para que los valores educativos propulsados por los puritanos se hicieran más generales hubo que esperar, sin embargo, hasta la educación estatal obligatoria inspirada en el sistema prusiano, y de ahí, aunque parezca extraño, viene la conexión con Sarmiento. El modelo prusiano. El sistema de educación obligatoria tiene como antecedente a Prusia y a su rey Frederick II (1712-1786). Allí madura el concepto de que una sociedad parejamente educada ayudaría a establecer una lengua única, a producir buenos soldados, burócratas, trabajadores y a que la gran masa pudiera leer. Esto último también era deseado por los luteranos con el propósito de expandir la educación religiosa. El sistema prusiano incluía diferentes tipos de currícula, que se adecuaban a la futura ocupación de los alumnos en la sociedad. Esto último involucra un elitismo, pero que está basado en el mérito logrado a través de los estudios y no en el derecho de cuna.Entre 1868 y 1882 varios países europeos adoptan el modelo prusiano de educación. Éste fue más fuerte en tierras originales de la Reforma Protestante que en las de la Europa católica del sur del continente, o en las áreas de influencia de la iglesia Ortodoxa.En el siglo 19, el modelo prusiano de educación llega a los Estados Unidos de la mano de Horace Mann, nacido en Nueva Inglaterra e ícono de la educación en su país. Mann amalgama conceptos educacionales puritanos con conceptos desarrollados en Prusia. De Nueva Inglaterra a Argentina. Durante sus viajes por Nueva Inglaterra, Sarmiento conoció a Horace Mann y también a George Stearns, quien sería rector organizador de la Escuela Normal de Paraná antes de ser echado y reemplazado por un español: José María Torres. La igualdad social y principalmente la igualdad de oportunidades que él observa en el noreste norteamericano (en gran contraste con la Europa de esos tiempos) impresiona fuertemente a Sarmiento. No hay indicios sobre si Sarmiento y la llamada Generación del 80 (1880-1916) anticiparon cuán difícil sería para la dirigencia argentina absorber el impacto político involucrado en importar un sistema puritano/prusiano/protestante a un medio derivado de un sistema europeo/mediterráneo/católico. Este último sistema, aunque no falto de muy sofisticados valores religiosos y tradición intelectual, es de naturaleza más bien humanística y sin similitud alguna con la forma de vida, las prioridades cívicas o el fondo de religión protestante de los anglosajones.El sistema de educación en Argentina tuvo traspiés desde el comienzo. Por ejemplo, José María Torres ya se quejaba de la falta de recursos. Políticos y administradores se quejaron durante todo el siglo 20 y hasta hoy sobre la falta de recursos.No pocas veces lo que se ha conseguido en Argentina en educación estatal, como así también en ciencia a nivel nacional, ha sido el producto de hazañas personales que con contadas excepciones, no tuvieron continuidad.Funestamente, la admisión al sistema de investigadores y docentes con muy variadas aptitudes no pudo menos que nivelar para abajo, lo que se vio agravado por la falta de la sabiduría o valentía política requerida para sanear el sistema a través de rígidas y continuas evaluaciones¿Y qué pasa con el orgullo cívico cuando se ve la degradación cualitativa de instituciones ejemplares como las escuelas normales José María Torres de Paraná o Alejandro Carbó de Córdoba, que se dejaron degradar aún cuando no había crisis económica que lo justificara? Es muy posible que a la ciudadanía le pasara lo mismo que a todos los pueblos que viven en situaciones sociales agobiantes. Estoy pensando en las dictaduras, o en gobiernos que, aunque democráticos, fueron autoritarios o demagógicos. Un ejemplo del efecto de gobiernos autoritarios sobre la vocación cívica se puede ver aún hoy en los países del ex bloque soviético. En ellos se dio una progresiva dependencia del ciudadano respecto del gobierno hasta que se perdió toda individualidad y competitividad. Hay valores universales. Teniendo en cuenta lo escrito anteriormente, en el marco de la realidad actual, es evidente que: 1. Los modelos de educación no pueden extrapolarse sin tener en cuenta la idiosincrasia de la sociedad en la que se implantan. Sin embargo, no se pueden ignorar los valores universales de competitividad y excelencia que desarrollaron los países avanzados. 2. Un modelo educativo no se puede basar en individuos excepcionales, sino que tiene que estar basado en educadores homogéneamente buenos, resultados de un sistema educativo que se preocupa especialmente en producir alumnos maduros y altamente competitivos, con un sentido de cuál es la obligación cívica y a los que se los acostumbra a pensar estratégicamente por el bien de la sociedad. 3. Un sistema de alta competitividad no se puede desarrollar sin un entorno de disciplina y, por lo tanto, es misión de aquellos interesados en mejorar la educación la de apoyar una cultura de respeto a la ley, a los reglamentos, al medio ambiente y al prójimo.No quisiera terminar estos pensamientos sin enfatizar que la educación, como las de algunas naciones europeas, Japón, China, los países escandinavos, Estados Unidos y Canadá, emplea un sistema inconfundiblemente e inflexiblemente meritocrático que implica trabajo arduo. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que en Canadá nadie con promedio de menos de 9,5, después de hacer una licenciatura de tres o cuatro años, es admitido en Medicina. Y que para entrar a dicha licenciatura se necesita un muy alto promedio en el secundario. La formación de elites basadas en aquellos que trabajan arduamente para obtener las mejores notasen la escuela es deseable y no sedeben confundir estas elites con las oligárquicas.En Argentina, las confusiones conceptuales sobre qué es y quién es responsable por la educación y la justicia social (que nos hemos auto administrado a través de la politiquería) nos han dado casas de estudio donde aquellos demostradamente sin aptitudes académicas pueden graduarse con notas bajísimas. Quienes así se gradúan y aquellos que permiten que esto ocurra corroen la fibra moral y el sistema de valores necesarios para desarrollar una sociedad segura y próspera.Finalmente, aunque sea prácticamente imposible instrumentar un sistema educativo sin diferencias idiosincrásicas de base (laicisidad, religiosidad, etnicidad, etc.), lo que no se puede dejar de copiar es la base de todo país desarrollado, que es el trabajo arduo. En realidad, pienso que el modelo de sistema educativo es menos importante que lograr la disciplina necesaria para hacerlo funcionar bien.Un último pensamiento: excelencia en educación y ciencia requiere considerable dinero. Es decir que la responsabilidad primaria de la administración nacional y provincial con respecto a educación y la ciencia estatal es la de promover la generación de riqueza fiscal.
*Adolfo J. de BoldAcadémico de la Universidad de Otawa.Consultor de la Universidad Nacional de Buenos Aires y de la ex Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación.

