Patria o buitres
Hoy se repite como una letanía “Patria o buitres” y se nos convoca a una cruzada para “combatir y derrotar a los poderes concentrados”.
Es proverbial. Muchos compatriotas no quieren (o no pueden) eludir la fascinación que provoca una consigna o un eslogan político, estas fórmulas breves pero eficaces para nublar el entendimiento y evitar el trabajo de pensar por cuenta propia. Cuando la consigna sustituye al razonamiento, el país sufre graves daños. Antes de ayer fue "La nueva Argentina de Perón y Evita", que nos dejó al borde de la guerra civil, confiscó gran parte de la renta agrícola-ganadera y afectó el 60 por ciento de las divisas obtenidas por las exportaciones sólo para pagar el combustible que se necesitaba.Ayer fue "Argentina potencia", proclamada por el peronismo que entre 1973 y 1976 produjo la devaluación más grande de nuestro signo monetario, multiplicó por 10 el precio de los servicios públicos e instaló el terrorismo de Estado para aniquilar a sus adversarios internos y externos.En 1982 –"Soberanía o muerte, que vengan los piratas, les daremos batalla"–, muchos apoyaron el disparate de ocupar por la fuerza las islas Malvinas, con lo cual malograron los esfuerzos diplomáticos realizados durante un siglo para lograr una solución pacífica a la controversia con Gran Bretaña.Y en 1991, otra vez el peronismo convenció a los incautos, durante una década, de que un peso moneda nacional era igual a un dólar. Cuando el país despertó del sueño, se encontró con miles de talleres y fábricas cerrados, con una desocupación del 25 por ciento y con los depósitos bancarios confiscados.Hoy se repite como una letanía "Patria o buitres" y se nos convoca a una cruzada para "combatir y derrotar a los poderes concentrados que impiden que el país cumpla con su misión histórica". Es decir, antes de ayer, ayer y hoy queda demostrado el acierto del conocido proverbio "La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira".Al frente de la cruzada se ha puesto nuestra Presidenta. Utilizando expresiones impropias de su investidura, arremete contra las autoridades de un país con el que mantenemos relaciones diplomáticas y contra los compatriotas que condenamos sus decisiones. Sus gestos y sus palabras desnudan uno de nuestros peores defectos: el guaranguismo.El guarango o la guaranga sienten el enorme apetito de ser algo admirable, superlativo, único. No se sabe bien qué, pero vive embriagado con esa vaga maravilla que presiente ser. Para existir, necesita creer en esa imagen de sí mismo, y para creer necesita alimentarse de triunfos... El guarango es agresivo, no por natural exuberancia de fuerzas, sino, al revés, para defenderse y salvarse. Necesita hacerse sitio para respirar, para poder creer en sí; dará codazos al caminar entre la gente para abrirse paso, iniciará una conversación con una impertinencia para romper brecha en el prójimo y sentirse seguro sobre sus ruinas... La guaranga producirá estos estallidos acumulando en su traje colores y ornamentos llamativos, exagerando los ademanes sin renunciar por esto a la agresividad verbal... Como se ve, es el guarango la forma desmesurada y más gruesa de esta propensión a vivir absorto en la idea de sí mismo que padece el hombre argentino.Amigo lector: no vaya a pensar que este último párrafo es de mi cosecha. No. Lo escribió José Ortega y Gasset en septiembre de 1929 y puede leerse en el tomo 2 de sus obras completas.Cualquier semejanza entre la reflexión del ilustre filósofo español y los episodios que pueden englobarse en la expresión "Patria o buitres" no es mera coincidencia, como suele decirse al comienzo de algunas películas. Es la más veraz descripción del comportamiento de un Gobierno que de manera irresponsable pone al país al borde del abismo.

