Temas del día:

Pasado y presente

En su libro “Los alemanes”, Elias desentraña las razones de la barbarie nazi. Para nosotros, es una lectura inquietante. Ángel Stival.

03 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista, [email protected])
Pasado y presente

Una frase del estilo "con Hitler estábamos mejor", puesta hoy en boca de un alemán, resultaría absurda, insólita y hasta escandalosa. Si se siguiera el pensamiento sociológico de Norbert Elias (1897-1990), que se solaza atando cabos, hilando en el tejido social y en sus realizaciones simbólicas hasta perderse en la noche de los tiempos, no sólo sería comprensible y esperable, sino que expresaría una reminiscencia de lo que él llama, en su libro Los alemanes , "el desarrollo del carácter nacional alemán". Meterse ahora en semejante berenjenal teórico, en medio de las ideas globales, refractarias a los totalitarismos nacionalistas que propiciaron tanta barbarie política a mediados del siglo 20, parece anacrónico. Pero ocurre que Elias encuentra en el pasado la justificación de aquel presente hitleriano: "El sueño de un III Imperio, de un Tercer Reich, parece estar al alcance de la mano bajo la guía de Adolf Hitler, después del I Imperio alemán en la Edad Media y del Segundo Reich creado por Bismarck y destruido con la derrota en la Primera Guerra Mundial". Es un buen recurso metodológico para pensar la Argentina, para reflexionar sobre el origen de nuestra propia barbarie, cuya más reciente y cruda expresión fue la dictadura de 1976, pero quizá sea factible rastrear en los bombardeos a la Plaza de Mayo en 1955; o en la Semana Trágica y las matanzas de la Patagonia a principios del siglo 20. O en violencias emblemáticas del siglo 19, como la llamada Conquista del Desierto. Leer hoy a Elias, en medio de voces que proclaman estar hartos de la dictadura y nos instan a mirar hacia el futuro –sin reparar en que sólo la comprensión del pasado nos permitirá "ver" y "hacer" el futuro–, resulta también inquietante porque, además del método, expresa conceptos que nos son familiares. La grandilocuencia de tanto salvador mesiánico que hemos sufrido hasta no hace mucho y la invocación al pasado venturoso como "granero del mundo" caminan por esa peligrosa senda que, de cuando en cuando, se nos aparece aquí y allá, en Bolivia o Venezuela, en Honduras o Ecuador, como un espectro.