Pasado y presente
En su libro “Los alemanes”, Elias desentraña las razones de la barbarie nazi. Para nosotros, es una lectura inquietante. Ángel Stival.
Una frase del estilo "con Hitler estábamos mejor", puesta hoy en boca de un alemán, resultaría absurda, insólita y hasta escandalosa. Si se siguiera el pensamiento sociológico de Norbert Elias (1897-1990), que se solaza atando cabos, hilando en el tejido social y en sus realizaciones simbólicas hasta perderse en la noche de los tiempos, no sólo sería comprensible y esperable, sino que expresaría una reminiscencia de lo que él llama, en su libro Los alemanes , "el desarrollo del carácter nacional alemán". Meterse ahora en semejante berenjenal teórico, en medio de las ideas globales, refractarias a los totalitarismos nacionalistas que propiciaron tanta barbarie política a mediados del siglo 20, parece anacrónico. Pero ocurre que Elias encuentra en el pasado la justificación de aquel presente hitleriano: "El sueño de un III Imperio, de un Tercer Reich, parece estar al alcance de la mano bajo la guía de Adolf Hitler, después del I Imperio alemán en la Edad Media y del Segundo Reich creado por Bismarck y destruido con la derrota en la Primera Guerra Mundial". Es un buen recurso metodológico para pensar la Argentina, para reflexionar sobre el origen de nuestra propia barbarie, cuya más reciente y cruda expresión fue la dictadura de 1976, pero quizá sea factible rastrear en los bombardeos a la Plaza de Mayo en 1955; o en la Semana Trágica y las matanzas de la Patagonia a principios del siglo 20. O en violencias emblemáticas del siglo 19, como la llamada Conquista del Desierto. Leer hoy a Elias, en medio de voces que proclaman estar hartos de la dictadura y nos instan a mirar hacia el futuro –sin reparar en que sólo la comprensión del pasado nos permitirá "ver" y "hacer" el futuro–, resulta también inquietante porque, además del método, expresa conceptos que nos son familiares. La grandilocuencia de tanto salvador mesiánico que hemos sufrido hasta no hace mucho y la invocación al pasado venturoso como "granero del mundo" caminan por esa peligrosa senda que, de cuando en cuando, se nos aparece aquí y allá, en Bolivia o Venezuela, en Honduras o Ecuador, como un espectro.

