París ya no es una fiesta
Hay una crisis que estalla en cualquier lugar del mundo, fundada en la falta de perspectivas laborales y personales. Julio César Moreno.
Las escenas de violencia social que vienen ocurriendo en Francia y otros países europeos sugieren que hay una crisis, un nuevo "malestar en la cultura". Y éste se extiende por doquier y se expresa en diferentes formas de rechazo y cuestionamiento al orden establecido, a los partidos tradicionales e, incluso, a los valores seculares que eran respetados por la mayoría. En el Viejo Mundo hay un avance neto del populismo de derecha, pero también de los verdes, los grupos de extrema izquierda y, en algunos casos, del neocomunismo. En Alemania, por ejemplo, se da un fenómeno interesante: el crecimiento de la "Linke" (la izquierda), que es una alianza entre un sector de la socialdemocracia y los ex comunistas, que ha obtenido muy buenos resultados electorales en estados y ciudades de la ex República Democrática Alemana (RDA). Lo singular de la "Linke" es que revindica la democracia pluralista y republicana (lo que implica decir adiós al régimen de partido único), pero también plantea una política social y una redistribución del ingreso similar a la que se practicaba en la ex RDA. O sea, ni comunismo totalitario ni capitalismo salvaje. Y en medio de estos zarandeos de derecha a izquierda, hay fantasmas que aparecen en el horizonte, que se confunden en una imagen difusa: la inmigración afroasiática y el misterioso y poderoso islamismo. Cambio en Francia. De todos modos, hay países donde se mantiene firme el esquema político tradicional (conservadores y laboristas en Gran Bretaña; socialistas y populares en España; demócratas y republicanos en Estados Unidos). En cambio, Francia está pasando por un mal momento, como si hubiera entrado en un estado de involución política y cultural, que se expresa hasta en un cambio de las costumbres y el modo de ser de los franceses. La escritora Corinne Maier ha escrito un nuevo libro-panfleto que se llama Tchao la France ("Chau Francia"), en el que expone 40 buenas razones para hacer las valijas e irse al extranjero. Dice que la lucha contra el aumento de la edad jubilatoria es un pretexto para expresar un malestar profundo y transversal, que viene de mucho antes de la asunción al gobierno de Nicolas Sarkozy. Y agrega: "La verdad es que Francia no funciona, es un lugar fantástico para los turistas pero no para quienes deben vivir en ella; hagan como yo y como otros dos millones y medio de connacionales: váyanse". La frase suena dura y provocadora, pero algo tiene que ver con la realidad.Entonces, el París era una fiesta, de Ernest Hemingway, no existe más, al menos en la vida cotidiana y el humor de la gente, y esa joie de vivre (alegría de vivir) que fue el emblema de la ciudad ha dado paso a otro estado de ánimo: a la infelicidad y la rabia, según Maier. ¿Las causas? Las conocidas, las casi universales: grandes dificultades para obtener un trabajo (para los jóvenes) o de mantenerlo (para los mayores), o para alquilar una casa o un departamento; falta de perspectivas de vida y de realización personal; pobreza; marginalidad; crisis de "los grandes relatos" (las ideologías, las religiones) y debilitamiento progresivo de las instituciones fundantes (el matrimonio, la familia, la escuela). En Italia, hay un término de moda: los mamoni , los pegados a la mamma , que no se van de casa hasta los 40 años o más. Ellos también forman parte de la crisis de nuestro tiempo, del malestar, de la rabia que a veces estalla de manera espontánea y violenta; en París, en Buenos Aires o en cualquier otra ciudad del mundo.

