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Paradojas y contradicciones de la política argentina

La política criolla contemporánea está plagada de paradojas y contradicciones. ¿Será por eso que están tan de moda el transfuguismo y la liviandad discursiva?

17 de octubre de 2015 a las 12:01 a. m.
Gustavo Di Palma*
Paradojas y contradicciones de la política argentina

Muchos argentinos ven a Daniel Scioli como un hombre de diálogo. Se trata del mismo que rehusó participar en el debate de candidatos presidenciales del 4 de octubre, pese a que debatir es un hecho que representa la "conversación política" por excelencia. Como era de esperar, ningún exponente de los disciplinados cuadros kirchneristas se mostró mortificado por esa actitud del actual gobernador bonaerense, cuya candidatura deben digerir a duras penas por obra y gracia del poderoso dedo presidencial (que, también a disgusto, tuvo que moverse en la dirección de lo indicado por las preferencias ciudadanas). Es que la política criolla contemporánea está plagada de paradojas y contradicciones. ¿Será por eso que están tan de moda el transfuguismo y la liviandad discursiva? Ambos fenómenos reflejan una clara muestra de que nadie cree hoy que la coherencia sea un valor relevante.Tras el papel casi excluyente de la fría tecnocracia y sus verdades reveladas en la década de 1990, el tan promocionado retorno de la política al centro de la escena pública –que el kirchnerismo sitúa en 2003– no sirvió para fomentar el natural hábito del diálogo y la discusión de ideas, sino que estimuló la vieja maña criolla de la imposición. El resultado es uno solo: no hay diálogo posible cuando el que impone no escucha y el que no acepta la imposición, tampoco. Gran contradicción.Pero hay más, mucho más. Por ejemplo, esa rara paradoja argentina que implica sentirse parado en la baldosa de la izquierda cuando en realidad esa baldosa está a la derecha.En estos últimos 12 años, para ser políticamente correcto parece obligatorio mostrar una mínima cuota de izquierdismo, aunque los candidatos predilectos de la sociedad rumbo a las elecciones del 25 de octubre tienen un inequívoco perfil de centroderecha. Ni a Mauricio Macri, ni a Sergio Massa, ni al mismísimo Daniel Scioli les corre por sus venas el ADN de la rebeldía, la irreverencia y la actitud combativa que tanto cautiva a buena parte de la sociedad argentina, en particular a aquellos bolsones de clase media de cierto nivel intelectual y que se esfuerza por lograr un buen pasar económico. Pero eso no sería un escollo para que algunos de los nombrados provoquen sorpresas, si las circunstancias los obligan. En su otra vida, Néstor y Cristina Kirchner no presentaban evidencias empíricas de progresismo, hasta que su llegada a la Casa Rosada les indicó que rumbear para la izquierda era el camino para construir poder en el comienzo del nuevo siglo.Ya lo dijo Eduardo Menem hace unos días: "No les va a quedar otra que votar a un menemista", en alusión a la candidatura presidencial de Scioli por el Frente para la Victoria. Para aquellos que abjuran de la década de 1990, no habrá nada más pecaminoso que votar a un hombre con reminiscencias de esa década olvidable. Pero los creyentes dirán: "El camino al cielo está plagado de espinas".Para los estudiosos de los comportamientos electorales, Scioli está obligado a buscar los dos o tres puntos que consolidarían sus chances de ganar en primera vuelta entre los votantes independientes o indecisos, que no ven con simpatías los modales kirchneristas.Pero surge aquí otra paradoja: el exmotonauta, por decisión propia u obligado por Cristina Fernández, eligió en el tramo final la opción de la kirchnerización, que sólo le garantiza mantener el fervor entre los ya convencidos votantes oficialistas.

¿Y la oposición?

En el compendio de paradojas y contradicciones de la política criolla, hay algunas que sintetizan el clima de época. Por ejemplo, el hecho que ocurrió el último 17 de octubre, cuando Macri –el candidato de la oposición que menos perfume peronista destila– inauguró un monumento en homenaje a Juan Domingo Perón, sin dudas motivado por las urgencias electorales.

Frente a ese episodio, un respetable consultor como Enrique Zuleta Puceiro, en diálogo con Marcelo Longobardi (radio Mitre Buenos Aires), afirmó sin titubear: “Los kirchneristas jamás inaugurarían un busto de Perón”.

También del lado de la oposición, los dilemas radicales son, sin dudas, otro plato fuerte para alimentar el compendio de paradojas y contradicciones. Sin ellas, después de todo, sería muy difícil ser radical.

Para cierto sector de dirigentes de un partido que prefirió emparentarse con la idea de la socialdemocracia, es muy posible que no deje de ser un cargo de conciencia ceder a un candidato de centroderecha como Macri la posibilidad de aparecer con el escudo radical a sus espaldas.

Sin embargo, encuestas como las que maneja el propio Zuleta Puceiro, por ejemplo, muestran que, a esta altura, los votos radicales, que en un 60% se iban a Macri y el resto iban a Stolbizer, están pasando en un 95,7% a Macri y en un 4,3% a Massa, y abandonaron la idea de Stolbizer. El radical está pensando en el “voto útil”.

Paradojas del destino de un partido centenario, al cual su fundador, Leandro Alem, lo concibió para que “se rompa pero que no se doble”.

Unos párrafos antes, también surgió el concepto de transfuguismo, fenómeno sobre el que tiene mucho para hablar Sergio Massa. La persistente sangría de dirigentes que sufrió el Frente Renovador, sin embargo, no parece haberle provocado un debilitamiento de su voto cautivo.

Las conductas camaleónicas en la política argentina se presentan, en primera instancia, como un accionar reñido con la ética, pero también dejan al descubierto la labilidad de las organizaciones políticas.

Ese no es un defecto exclusivo del Frente Renovador, aunque es paradójico que la fuerza que más necesita diferenciarse del kirchnerismo para romper la frustración del tercer puesto haya visto a la mayoría de sus dirigentes tránsfugas insertarse, o reinsertarse, en las aparentemente más cálidas aguas del Frente para la Victoria.

*Periodista, investigador adscripto en el programa Historia Política de Córdoba, Centro de Estudios Avanzados de la UNC