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El otro Whitman

“Da lo que puedas, toma lo que necesites”. Ese era uno de los lemas favoritos de George Whitman, el excéntrico personaje, apodado “el Quijote del barrio Latino”. Miguel Mora.

24 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Miguel Mora (El País, de Madrid)
El otro Whitman

"Da lo que puedas, toma lo que necesites". Ese era uno de los lemas favoritos de George Whitman, el excéntrico personaje, apodado "el Quijote del barrio Latino", que dirigió durante seis décadas la librería Shakespeare & Company, si­tuada en el distrito 5º de París. Whitman, muerto hace 10 días, fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise, en compañía de Guillaume Apollinaire, Colette, Oscar Wilde o Balzac y otros grandes escritores. El librero nació en 1913 en Nueva Jersey, creció en Salem y estudió periodismo en Boston. Se instaló en París en 1948, después de recorrer a pie Estados Unidos y América latina y de servir a su país en la Segunda Guerra Mundial. Primero abrió una precaria biblioteca de intercambio en su cuarto sin ventanas de hotel, cerca de la Sorbona; luego, un pequeño quiosco, y por fin una librería llamada Mistral, en homenaje a la chilena Gabriela Mistral.En aquel momento, existía ya en París la librería original Shakespeare & Company, que había montado su compatriota Sylvia Beach y en la que no era raro encontrar a autores como Ernest Hemingway o James Joy­ce. Tras la muerte de Beach, Whitman rebautizó en 1951 con ese mismo nombre a su negocio, como un tributo a Beach, y poco a poco la fue amoldando a su sueño: "Quise crear esta librería como el que escribe una novela", contó.Whitman dedicó su vida al local y con esfuerzo –tuvo que cerrar en 1967 durante un año–lo convirtió en un organismo más o menos próspero y a la vez filantrópico: en los pisos superiores montó una improvisada residencia de escritores, y estos, a cambio de trabajar unas horas ordenando estantes o vendiendo libros, comían y dormían por temporadas (días, semanas o meses). A esos jóvenes autores con o sin renombre, los llamaba "malas hierbas".Shakespeare & Co. fue a la vez un pequeño templo de cultura anglosajona en el que presentaron libros figuras como Lawrence Durrell, Samuel Beckett, Allen Ginsberg, Gregory Corso y William Burroughs. Pero fue también una institución turística cargada de memoria, magia y objetos, un lugar ideal para pasear, leer y hablar de literatura. En cierto modo, Whitman, amigo de Julio Cortázar, fue el librero de la generación beat en París : mirando a la catedral de Notre Dame, la impregnó de un espíritu librepensador, hippie, acogedor y airado. Henry Miller la definió como "el país de las maravillas librescas". En 2003, el documental Portrait of a bookstore as an old man contó la historia del Quijote americano, su perro, su gato y su librería. En 2006, Francia le ordenó Caballero de las Artes y las Letras. Su hija, Sylvia Beach Whitman, que promete continuar su labor, contó que su padre siguió leyendo hasta el último día, incluso tras sufrir un accidente vascular hace dos meses. En la fachada, los versos de Yeats resumen su legado: "No seas hostil a los extraños / quizá sean ángeles disfrazados".