Ojos que no ven, negocios que prosperan
Vamos a apoyar y mejorar estas iniciativas, para arreciar el combate contra los dos sucios mundos. El tema es demasiado trascendental como para hacer una cortina de humo. Sería una canallada imperdonable. Luis Juez.
"Córdoba es la segunda cocina nacional de cocaína". La contratapa de este diario, sin inocencia, denunciaba un flagelo que era ya un secreto a gritos. La página correspondía a un ejemplar del año pasado y la verdad es que el flagelo es mucho más antiguo que el artículo periodístico. Hace unos días tuve la satisfacción de enterarme de que dos proyectos de ley del Ejecutivo provincial ingresaban a la Legislatura con ganas de darle un golpe al narcotráfico y al inmundo negocio de la trata de personas y la prostitución.Estoy convencido de que el tráfico de estupefacientes, la proliferación de cocinas de cocaína que hierven en los barrios, las decenas de pistas de aterrizaje ocultas en los campos del interior cordobés y los miles de prostíbulos que aniquilan primero la libertad y luego el futuro de tantas y tantas mujeres sólo viven saludablemente con la complicidad.Esta infraestructura enterrada en la impunidad prospera y se transforma en un negocio extraordinario sólo con los ojos que no ven, los patrulleros que llegan tarde, las zonas liberadas, los jueces y fiscales temerosos y el gran padrino del Gobierno que mira crecer este infierno no sólo paralizado sino tomando a veces tajadas del negocio.El futuro de nuestros hijos está amenazado, la suerte de las chicas, condenada, si esta miserable parafernalia de la destrucción avanza. Yo y tantos lo sabíamos. Tantos periodistas, tantos dirigentes políticos. Y lo dije en la campaña a gobernador.Expresaba que debíamos adherir a la ley nacional que abría las puertas a la acción contundente desde Córdoba, sin esperar a los federales. Denunciábamos los vuelos en los campos de soja. Invitábamos a los intendentes a meterse en el problema. "O nos metemos o nos llevan puestos a nuestros pibes", decía. Pasaron 12 años. 12 años en que el negocio engordó. Los lupanares se multiplicaron y creció la población de corruptos que hacían oídos sordos y miradas ciegas. Cuesta creer que quienes pasaban por distraídos, bajaban funcionarios curiosos y no ponían recursos sean hoy los paladines de la causa.Cuesta creer. Pero vamos a estar allí. Vamos a apoyar y mejorar estas iniciativas, para arreciar el combate contra los dos sucios mundos. El tema es demasiado trascendental como para hacer una cortina de humo. Sería una canallada imperdonable.

