No todo el año es Carnaval
Postales de un 2013 que recién está despertando, aunque no de manera muy placentera: inseguridad, precios para arriba, impuestos en alza, servicios públicos como la recolección de basura en Córdoba que no funcionan bien, y varios etcéteras más. Julio C. Perotti.
Entre las noticias que llegaban del Vaticano, con la renuncia de Joseph Ratzinger como papa (algo que no ocurría desde hacía 600 años), la fuerte movida turística del fin de semana de Carnaval y los meteoritos que asustan rusos, se escurrió quizá el último pulmón de descanso de este 2013. Ya comienza a invadir los espíritus un imparable frenesí político, tironeado a dos puntas por los que pretenden que las elecciones de octubre sean el trampolín para la conservación del poder y por aquellos que, al contrario, esperan un sacudón que los acerque a la disputa definitiva, en 2015. Está dicho hasta el hartazgo: las elecciones parlamentarias de 2013 son una bisagra obligatoria para las presidenciales, dentro de dos años. Y hay excepción.Por eso, está claro, el gobierno de la Provincia y el de la Municipalidad coincidieron en un apuro, aumentar los impuestos, para que el tiempo licue el malestar que una medida de esa naturaleza siempre provoca.Pero de parte de cada uno hay más. En la Provincia, por caso, también subieron los peajes, mientras la nafta cordobesa es más cara por obra y gracia de una tasa vial con la que José Manuel de la Sota procura tirar kilómetros de pavimento donde ahora hay puros baches.Desde luego, no la tiene tan fácil: esa tasa vial está cuestionada por el Ministerio de Economía de la Nación ante la Corte Suprema de Justicia. Fuertes versiones, quizá interesadas, no traen buenas nuevas desde el Palacio de Tribunales en la ciudad de Buenos Aires: la Corte sería permeable a darle la razón al Gobierno nacional y ordenar a De la Sota que la deje sin efecto.Si esto ocurriese, sería un fuerte golpe a las intenciones del gobernador de financiar, con los 600 millones que deberían ingresar en un año, buena parte de las obras públicas que anunció el 1° de este mes, al inaugurar las sesiones ordinarias en la Legislatura.Desde que el divorcio con la Nación se hizo irreconciliable, De la Sota apostó a las mil maneras de mostrarse distinto.Este ánimo diferenciador se extiende hoy a la siempre compleja negociación salarial con los gremios estatales, en este caso, con el sindicato de maestros. Por eso, a través de su negociador, el jefe de Gabinete Oscar González, De la Sota les ofertó un 26 por ciento, muy por encima del 16 a 22 por ciento que el viernes impulsó por decreto la Nación, contra un 30 por ciento que le reclamaban los gremios. Un cierre consensuado con los docentes resuelve un permanente drama de los gobiernos: comenzar las clases sin sobresaltos.Pero, además, para De la Sota será una señal para negociar con el resto de los sectores de la administración pública y tratar de ponerla en sintonía con su mensaje de que es generoso mientras, como dijo el viernes, la Nación "rebaja los salarios". Molestas realidades. El momento es importante: son tiempos en que la CGT oficialista, que lidera Antonio Caló, se aleja de la presidenta Cristina Fernández cuando le pega por debajo de la línea de flotación del modelo, al sostener que "la economía está estancada" y que la inflación se come los salarios de los trabajadores. Tampoco es para creer que Caló sea un gurú iluminado, capaz de interpretar lo que cualquiera de los mortales no ve cuando se planta frente a una góndola de supermercado.No es una sensación de inflación: es inflación la que se lleva los aumentos de sueldo. Como que la inseguridad es inseguridad y no una sensación.Y a esta última cuestión, que es responsabilidad propia e indelegable, a De la Sota le cuesta encontrar el agujero del mate.Pese a que todos los manuales indican que es un tema con el que no se debe hacer política, a riesgo de pegarse un tiro en el pie, el kirchnerismo de paladar negro ataca por ese flanco.Por fuera de toda especulación mezquina, lo cierto es que las cifras son preocupantes: un informe publicado por este diario el pasado miércoles reveló que entre el viernes 8 a la madrugada y el martes 12 a la siesta se produjeron siete crímenes en la Capital, Laboulaye y Unquillo. Es decir, un homicidio cada 15 horas, a los que luego se agregaron otros, además de una serie interminable de asaltos cada vez más violentos. Jugar con fuego. Todavía está pendiente una nueva ley de seguridad que el ministro del área, Alejo Paredes, prometió cuando, en los últimos días del año pasado, maniobró un cambio en la cúpula policial que dejó afuera al riocuartense Sergio Comugnaro y puso en su lugar a Ramón Frías. Paredes y Frías quedaron en el ojo de la tormenta: el juecismo les pidió la renuncia, mientras el kirchnerismo dispara un e-mail tras otro de sus agrupaciones satélite para minarlos.Por lo pronto, es el mismo kirchnerismo que trata de socavar al gobierno de Santa Fe por igual causa. Incluso, Bonfatti hizo lo mismo que De la Sota: reemplazó a la cúpula de la Policía, si bien se vio forzado por la detención del propio jefe de la fuerza, Hugo Tognoli, detenido en medio de lo que se llamó "el narcoescándalo".Todas estas son postales de un año que recién está despertando, aunque no de manera muy placentera: inseguridad, precios para arriba, impuestos en alza, servicios públicos (como la recolección de basura en Córdoba) que no funcionan bien y varios etcéteras más.Esto y mucho más alcanza para recordar que no todo el año es Carnaval.

