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No a la violencia urbana

La violencia urbana, al igual que la represión ilegal y la corrupción, evoca un tiempo del desprecio que no debe volver.

20 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
No a la violencia urbana

Las protestas sociales que han sacudido últimamente a casi toda Europa, con un grado de violencia que hace mucho tiempo no se registraba, han exhumado un término que había caído en desuso: la "guerrilla urbana", que tiene resonancias "setentistas", por su semejanzas con aquellos años de plomo de la década de 1970. La crisis económica y sobre todo financiera que viene golpeando con fuerza a los países occidentales desde hace dos años, y que ha multiplicado los índices de desempleo y pobreza, obligó a la mayoría de los gobiernos –socialistas, conservadores, populistas– a adoptar drásticas medidas de ajuste. Y conste que se trata de los países más ricos del mundo, desde Estados Unidos a Gran Bretaña, Alemania, Francia, España o Italia. Hasta hace poco, sólo en los países de la periferia –América latina, África y Asia– se producían estos fenómenos, pero ahora son las calles de Londres, París, Madrid o Roma las que son inundadas por manifestaciones populares. Pero que los trabajadores, los nuevos desocupados, los estudiantes disconformes y la clase media cada vez más empobrecida salgan a la calle no constituye novedad alguna, ya que es lo normal, lo lógico, lo previsible. Lo que no estaba previsto es que al calor de estas olas de protestas haya resurgido la violencia organizada, que no puede ser caracterizada como violencia armada, ya que los violentos de hoy –a diferencia de hace tres o cuatro décadas– no usan armas de fuego ni matan a mansalva, pero van encapuchados, lanzan bombas incendiarias contra edificios públicos y privados, atacan a policías y desafían abiertamente al Estado. Y hoy, al igual que ayer, la pregunta es si estos actos de violencia son espontáneos u organizados, o si de esta violencia desarmada puede surgir, como pasó antes, la violencia armada. Se trata, por cierto, de una cuestión muy preocupante, que hasta hace muy poco tiempo no estaba en la agenda de los gobiernos. Argentina, y toda América latina, no son para nada ajenas a esta problemática, que tiene que ver con la crisis del Estado, de la política, de las instituciones y de los valores. Los hechos de violencia ocurridos muy recientemente en Buenos Aires, Córdoba y otras ciudades y poblaciones del país, que tienen que ver con esta crisis institucional, política, económica, social y cultural que azota al mundo entero, deberían hacernos recordar que vivimos en una sociedad global. El resurgimiento de la violencia urbana y de la violencia en todas sus manifestaciones debe ser motivo de reflexión para todos, ya que nos concierne a todos.Como que también la defensa de los valores republicanos, de la democracia, de la convivencia civilizada, de la libertad y la igualdad, son banderas de todos.