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Navidad, voluntad y humildad

Un profeta proclamó que hay un solo Dios. Otro advirtió sobre su omnipotencia. Jesús tuvo la misión más hermosa: proclamar que Dios es amor. Arnaldo Pérez Wat.

20 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
Navidad, voluntad y humildad

El Evangelio escrito por Lucas –cap. I, 1 al 20– presenta con admirable descripción la situación en torno del edicto de César Augusto, para que fuese empadronado todo el mundo, añadiendo que, con el fin de cumplir, cada uno se dirigía a su pueblo. José de Galilea salió hacia la ciudad de David, que se llamaba Bethlehem, para ser censado con su esposa que estaba encinta. Allí se cumplieron los días en que debía dar a luz, y parió a su hijo primogénito. Se encontraban presentes unos pastores a los que un ángel les dijo: "No temáis, porque aquí os anuncio un gran gozo... Que hoy os ha nacido el salvador, que es el Cristo Señor". Súbitamente apareció una tropa numerosa de milicia celestial que alababa a Dios y decía: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad".Es que la voluntad constituye la facultad de actuar razonadamente, mas la buena voluntad, en este caso, es la voluntad moral, la única verdadera, que emplea la verdadera razón para sus verdaderos fines. Así lo entendió el Salvador que desde un principio ejerció esta facultad anímica, no para forzar a los hombres en un estado de tensión severa, sino para enriquecer y dilatar el horizonte de sus valores con el objeto de cumplir la misión que tienen en este mundo: amar al prójimo.Por otra parte, el filósofo alemán Johann Gottlieb Fichte nació el 19 de mayo de 1762 en una pequeña aldea de la Alta Lausacia. Difícilmente pueda hallarse en ninguno de los filósofos modernos una voluntad tan fuerte. De padres muy pobres, cuando pequeño era pastor. Tuvo suerte; el propietario de las tierras, un domingo al mediodía, se sentía afligido por haber perdido el sermón. Le dijeron que el pastorcito Fichte podía repetir todos los sermones de memoria. El pequeño imitó al párroco en el modo de hablar, y con ademanes tan exactos que el terrateniente, extasiado, le costeó los estudios.Cuando salió de la Facultad de Jena, volvieron sus apremios económicos. Se dedicó principalmente a la docencia. Más adelante, logró dinero como para viajar a Konigsberg a ver a Kant, quien lo atendió con titubeos; aunque luego le prestó un dinero que se esfumó de sus manos. Ante esta situación, en cuatro semanas, escribió su Ensayo de crítica de todas las revelaciones , y lo presentó. El gran pensador alabó el manuscrito y lo recomendó a su editor, quien lo publicó sin el nombre de su autor. Todos creyeron que era de Kant, porque, para suerte de Fichte, se esperaba que el viejo filósofo se pronunciaría sobre ese tema. Cuando se supo que no era de éste, ya la fama lograda por Fichte era grande. Le ofrecieron un puesto en la Universidad de Jena.También fue de cuna muy humilde el prelado y orador francés Esprit Flechier, cuyo tricentenario se cumplió este año. El duque de Montausier, deseando hacer un largo viaje, pidió a un amigo le indicara un compañero agradable. Le presentó a Flechier, y gracias a ello, salió de la pobreza. Fue luego docente, escritor, brillante predicador; y en 1685, llegó a obispo de Lavaur; y en 1687, de Nimes.En suma, un profeta proclamó que hay un solo Dios. Otro llamó la atención sobre su omnipotencia. Pero a Jesús le cupo la misión más hermosa: proclamar que Dios es amor. Nadie habló como él: con la estrella de la voluntad iluminando su destino generalizado en sencillas parábolas, logró realizar la modificación más grande que hubo en la historia de Occidente. Y cuando se acerca la Navidad, sentimos con humildad que, viviendo para el prójimo, amando a todos nuestro hermanos, es como sortearemos los escollos que parecen inmovilizar hoy al espíritu humano con el egoísmo y la indiferencia.