Mundo acomplejado
Si bajasen a la mitad los decibeles de la vanidad y del orgullo, quizá nuestro país resultaría uno de los más beneficiados en el mundo. Arnaldo Pérez Wat.
Desde lo psicológico y psicoanalítico, se entiende por complejo el conjunto de tendencias inconscientes que determina las actitudes de un individuo, su conducta, sueños, preferencias. A nuestro entender, los complejos existen porque el hombre es el único animal que piensa, pero no es lo que él piensa. El término lo inventó el psiquiatra suizo Eugen Bleuler (también inventor del vocablo esquizofrenia) y Sigmund Freud y analistas posteriores lo popularizaron desde 1920. Así, se habló luego de complejos de castración, de destete, de inferioridad, de Edipo.
Basándose en Antígona , tragedia escrita por Sófocles, Freud descubrió el complejo de Edipo en nuestra civilización, agrupándolo en dos tendencias interdependientes: amor al padre del sexo opuesto y hostilidad al padre del mismo sexo. Cierta vez, un analista muy diplomático encontró un Edipo galopante en un paciente y le notificó con respeto: "Usted acusa una predilección muy acentuada hacia la suegra de su esposa".
Es que a los 4 ó 5 años, el niño siente un vivo amor por su madre, a la vez que agresividad por su padre, en el que ve un rival afortunado, cuyas fuerzas y cualidades envidia. El conflicto se extiende hasta la pubertad, en que el muchacho aprenderá de la virilidad de su padre y se independizará relativamente de su madre.
Edipo y Electra. Informado por un oráculo de que sería muerto por su hijo Edipo, Layo -rey de Tebas- lo abandonó recién nacido. Recogido por unos pastores y educado por el rey de Corinto, Edipo encontró a su padre y lo mató. Después, se casó con Yocasta, su madre, sin conocerla. Luego de que el oráculo le revelara la verdad, su madre se ahorcó y él se vació los ojos y huyó guiado por su hija Antígona.
El equivalente al complejo de Edipo es, en las chicas, el de Electra, denominación de Jung que Freud no admite. En la tragedia del mismo autor, Electra hizo que su hermano matara a su madre Clitemnestra, la cual había hecho matar a su marido Agamenón por su amante, Egisto.
Existe también el complejo de Caín, llamado por Jacques Lacan "de intrusión", basado en el Antiguo Testamento.
El complejo de superioridad nos recuerda a aquella señora que consultó a un renombrado psiquiatra: "Doctor, mi marido dice que es Al Capone. Se lo pasa pavoneando sus pistolas, que siempre lleva cargadas. ¿Qué puedo hacer?" El profesional respondió que había una solución, pero que los honorarios serían muy pesados. "No hay problema -acotó ella- el mes pasado asaltó dos bancos".
Después de tantos "cuentos de gallegos", estos se desquitaron diciendo que los argentinos, que tienen complejo de inferioridad, son normales. En parte es cierto, aunque, si vamos a hilar fino, el complejo -para otros, sentimiento- de superioridad permanece en el subconsciente como reacción contra un doloroso complejo de inferioridad.
Nuestros políticos y dirigentes gobiernan en su mayoría con el sentimiento de la superioridad del vanidoso y del orgulloso: es raro que reconozcan un error propio y aprecien un acierto del opositor.
El complejo, al hacerse consciente, deja de ser complejo. Si (como ocurre con el estrés) desapareciesen los complejos del mundo, la especie humana se extinguiría. En un país con habitantes sin complejos, nadie reiría. Pero, sin llegar a tanto, si bajasen a la mitad los decibeles de la vanidad y del orgullo, quizá nuestro país resultaría de los más beneficiados en el mundo.

