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Muertes y legados

El kirchnerismo tiene claramente dos caminos disímiles: uno se inscribe en retornar el de la política clásica; el otro está inspirado en la épica setentista. Gustavo Aramburu.

05 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Gustavo Aramburu (Abogado)
Muertes y legados

La totalidad del oficialismo, el canal oficial y una importante cantidad de medios adictos se empeñan en exhibir a Néstor Kirchner como una suerte de nuevo "Che", de alguien que se inmoló en su lucha a favor de la Justicia, contra los poderosos y las mafias. Con esta idea de transfondo, para una importante cantidad de gente este dolor lejos está de aplacar el rencor y el resentimiento frente a quienes no coincidían con él en vida; de esa forma el criterio de adversario devenido en enemigo va in crescendo. El kirchnerismo tiene claramente dos caminos disímiles: uno se inscribe en retornar el de la política clásica; el otro está inspirado en la épica setentista. Uno prefiere la conversación de la política, el consenso; el otro opta por la violencia tácita de los hechos consumados. En estas formas se inscriben Carlos Zannini, Oscar Parrilli y el diputado Carlos Kunkel. A éstos, Néstor Kirchner los consideraba consejeros indispensables y esto ha sido heredado por Cristina.Para esos consejeros, lo que está en marcha es un proceso revolucionario, que tiene un mártir y debe avanzar profundizando el modelo, haciendo caso omiso a cualquier disenso, que resulta reaccionario y, diríamos, retardatario.La escenografía del sepelio dio muestras del fundamentalismo, la humillación a la que fue sometida la oposición que concurrió como un gesto humano e institucional a brindar sus condolencias. Fue un retroceso de 40 años en nuestra cultura cívica.Con todo respeto a los que sufrieron la pérdida de su líder, confieso que, como legado, prefiero el que dejara otro ex presidente en su discurso al cumplirse 25 años de la democracia, cuando dijo: "La intolerancia, la violencia, el maniqueísmo, la compartimentación de la sociedad, la concepción del orden como imposición y del conflicto como perturbación antinatural del orden, la indisponibilidad para el diálogo, la negociación, el acuerdo o el compromiso han sido maneras de ser y de pensar que echaron raíces a lo largo de generaciones en nuestra historia. Y que, por cierto, constituyen todavía hoy una de las principales rémoras y déficit con las que carga nuestra democracia".