Muerte y hermandad
Por esas cosas raras del destino, me encuentro participando de un largometraje de hechura cordobesa que será dado a luz probablemente a principios de 2023.
Esta película escrita y dirigida por Rodrigo Fernández Engler, y protagonizada –entre otros– por Luciano Cáceres, “Toto” Kirzner y Carolina Kopelioff, involucra –ya desde su mismo título, que es “La noche que luché contra Dios”– algunas escenas bíblicas.
Me tocó ayudar un poquito en torno al guion, y casi de manera fortuita terminé representando al segundo de los patriarcas de la Torá, a Isaac, especialmente en sus últimos días.
Y sí, me tocó partir, pero, tal cual lo afirma el texto del Pentateuco, con la conciencia un tanto tranquila por el reencuentro, aunque sea parcial, de mis dos hijos, Jacob y Esaú, enfrentados y alejados durante décadas.
Valga esta introducción como excusa para transmitir en estas líneas un pensamiento acotado, pero a la vez singular, acerca de la fraternidad bíblica, esa que empieza de la mano de Caín y Abel. Una ironía magistral de la Torá, que nos presenta ese primer asesinato como el primer fratricidio, para iniciar desde allí, desde los primeros capítulos del Génesis, una curiosa aventura en busca de la fraternidad perdida. ¡Y vaya si lo logra!
Después de aquellos primeros hermanos, los próximos son Isaac e Ismael, quienes también se enemistan y tan sólo se reúnen para enterrar a su anciano padre, Abraham. Triste destino para un vínculo tan esencial.
Mis hijos (los de Isaac, obviamente: Jacob y Esaú) avanzan un escalón más en esta escalera virtuosa, y disfrutan de un momento de reconciliación, pero aun así continuarán alejados, sin compartir ninguna otra escena vital.
Los hijos de Jacob venden a José, uno de sus hermanos, y será él mismo quien les enseñará a perdonar, y esta vez sí vivirán nuevamente en armonía. Y serán sus propios hijos, Efraim y Manasés, los primeros hermanos bíblicos sin conflictos, para que al final del Génesis se arribe a la fraternidad en serio, esa a la que todos estamos llamados a alcanzar.
Mientras tanto, más acá de la Biblia y de las películas, del osado triplete valorativo de la Revolución Francesa, es claro que avanzamos bastante en lo que hace a la libertad y quizás también a la igualdad, pero, en cuanto a la fraternidad, todavía nos hace falta mucha cinta…
* Rabino, miembro del Comipaz

