Fraternidad religiosa. La muerte: una transición hacia lo eterno

Para comprender el misterio del viaje de partida, es necesario remitirse al de llegada.

07 de julio de 2026 a las 01:34 a. m.
Juan Carlos Nieto*
La muerte: una transición hacia lo eterno
El "viaje de llegada se inicia en el vientre materno. El punto de partida.

Si todos los océanos se convirtiesen en tinta, todos los cielos en papel, y todos los hombres en plumas para escribir. Aun así, sería imposible describir la gloria, la belleza y la armonía del más allá.

Bahá’u’lláh


La muerte es, en esencia, una palabra relativa; un término que apenas alcanza a describir un cambio de estado. Tras haber acompañado a amigos en sus últimos momentos, me he enfrentado a ese silencio donde las palabras cesan y las preguntas sobre el sentido de la existencia parecen no tener respuesta.

Sin embargo, el principio bahá’í nos recuerda que: «La ciencia y la religión son las dos alas del mismo pájaro: la humanidad solo puede elevarse hacia la verdad cuando ambas vuelan en equilibrio». Esta integración entre la visión existencial de Albert Einstein y las enseñanzas de Bahá’u’lláh revela una arquitectura del universo coherente, donde la ciencia de la conciencia y la espiritualidad se funden, aceptando que la realidad no admite duplicidad.

Para comprender el misterio del viaje de partida, es necesario remitirse al de llegada. La analogía del niño por nacer dentro del pequeño mundo de la placenta es fundamental: allí se desarrollan órganos que no tienen, en apariencia, utilidad en ese entorno, pero que son indispensables para el mundo exterior. Del mismo modo, nuestra vida terrenal es un periodo de gestación para adquirir las herramientas espirituales necesarias para existir en los mundos venideros.

Esta vida es nuestra mayor bendición, pues es el único plano donde, mediante la elección consciente, podemos hacer crecer nuestra realidad espiritual.

La piedra angular de este proceso de gestación es la veracidad, base de todas las virtudes humanas. Sin ella, el progreso en los mundos superiores es irrealizable, pues un alma cimentada en la falsedad no encuentra sustentación ni sintonía en las dimensiones de luz divina. La veracidad es la coherencia que permite que nuestra conciencia se entrelace con el campo universal que Einstein intuía al sostener que la conciencia no es un producto de la materia, sino anterior a ella.

Expandir esa conciencia es nuestra misión vital. Quienes transitan la existencia sin reconocer este propósito se enfrentan a un camino arduo, pues el trabajo de «educar el alma» se vuelve infinitamente más complejo una vez que esta abandona el cuerpo.

*Representante de la fe Bahá’í ante el Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz).