Temas del día:

Minas, peligros y luces

La pregunta es acuciante y se nos presenta por lo general sin ningún tipo de aviso previo, prácticamente sin anestesia. Marcelo Polakoff.

24 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Marcelo Polakoff (Rabino, miembro del Comipaz)
Minas, peligros y luces

La pregunta es acuciante y se nos presenta por lo general sin ningún tipo de aviso previo, prácticamente sin anestesia. Y, para colmo, no hay manera de evitarla.

¿Hasta dónde hay que arriesgarse para salvar la vida de otra persona?

¿Y a qué costo?

Presento estas líneas aquí y ahora, básicamente motivado por la gigantesca empresa de salvataje que está encarando el gobierno de Chile a los fines de rescatar a los 33 mineros atrapados a más de 700 metros bajo tierra; pero, a la vez, para considerar cómo la tradición judía viene haciendo frente a dilemas milenarios, que vuelven una y otra vez a actualizarse en distintos y variados formatos.

Un caso ejemplar. Un caso paradigmático en este sentido le fue preguntado a un rabino lituano en 1941, cuando parte de la comunidad judía había sido tomada prisionera por los nazis y decenas de familias se encontraban encerradas en el cuartel de la policía, a punto de ser deportadas o asesinadas.

Uno de los líderes de la comunidad, que tenía fluidos contactos con las autoridades lituanas, consultó si podía presentarse en el cuartel para intentar liberar a sus hermanos, sabiendo que corría el riesgo de que él mismo fuera también tomado prisionero.

El rabino conocía perfectamente la cita bíblica que afirma: "No se puede permanecer indiferente frente a la sangre del prójimo", una especie de feroz consigna contra la indiferencia que es característica de la Torá. Pero también le era evidente que existe una obligación paralela de preservar la propia vida, tratando de no exponerse a cualquier tipo de riesgo que presente una amenaza a su existencia misma.

¿Cómo combinar ambos preceptos, a primera vista incompatibles en este caso?

Los sabios talmúdicos sumaron una categorización novedosa al proponer la creación de las figuras de "peligro incierto" y de "peligro certero".

La solución (si es que aquí cabe ese término) iría por la siguiente senda: toda persona está obligada a intervenir para salvar la vida de un prójimo de un peligro certero, siempre que el riesgo que asuma sea el de un peligro incierto, ya que no podríamos obligar a nadie a exponerse a sí mismo a un peligro certero a fin de rescatar a un tercero de igual categoría de riesgo.

Podría sonar un tanto egoísta, aunque es obvio que quien quiera asumir un riesgo mayor puede hacerlo, incluso desde la propia ley judía, aun cuando no esté obligado a hacerlo. De hecho, ningún padre dudaría siquiera un instante en asumir todo tipo de riesgo si se tratara de salvar a un hijo, y probablemente las personas con responsabilidades de liderazgo también estén llamadas a sopesar un tanto menos los riesgos para ellos mismos.

Pero, en términos generales, este tipo de dilemas se intenta encuadrar dentro de estos parámetros, buscando hallar un poco de luz entre tantas situaciones tenebrosas.

Es esa misma luz que deseamos que encuentren muy pronto los 33 mineros chilenos.