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Milagros a tiza, pizarrón y netbooks

Hoy acompañamos a los maestros en la celebración de su día. Pero no debemos dejarlos solos el resto del año.

11 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Milagros a tiza, pizarrón y netbooks

Los maestros celebran hoy su día y, como es lógico, han recibido salutaciones, regalos y homenajes, en primer lugar de sus alumnos, pero también de sectores de la comunidad que reconocen el valor de su abnegada tarea. El próximo lunes volverán a la realidad, a su escuela, y se encontrarán con los problemas de siempre: indisciplina, falta de compromiso de los padres, problemas edilicios y, en muchos casos, pobreza, desamparo y marginación. Esos factores han provocado un cambio sustancial en la actitud del maestro, que ya no sólo es el guía en la búsqueda del conocimiento, en la introducción a prácticas y costumbres, sino también el que "contiene" en situaciones de pobreza y facilita la inserción social de la familia.Muchos de los obstáculos se originan en el incumplimiento reiterado de promesas políticas que luego se olvidan, sin dejar de repetir, como un latiguillo, que la educación es prioritaria y que allí está el futuro de la patria. Es cierto que se debe empezar por la educación para combatir muchos de los flagelos que acechan a niños y jóvenes y preocupan a los padres. El problema es endosar toda la responsabilidad al maestro, que tiene que instruir, alimentar, vestir y contener a niños desamparados, a veces acosados por la pobreza y las enfermedades. Otras veces, también, desamparados en el alma, faltos de afecto, abandonados por padres que los depositan en la escuela sin asumir responsabilidades mínimas.La función específica de la escuela, del maestro, es transmitir la cultura de las generaciones anteriores, despertar la curiosidad por aprender, estimular y capacitar a los educandos para que investiguen y aprendan a resolver problemas, para que sepan qué hacer frente a situaciones nuevas y alimentarlos con valores de solidaridad, compañerismo y respeto por los demás.Los maestros deben esforzarse cada vez más en una actitud de capacitación permanente y prepararse de manera integral para afrontar con soltura situaciones conflictivas y difíciles. Pero la educación no se agota en la escuela y requiere del compromiso de la sociedad para llevarla adelante con la mayor calidad posible. En primer lugar, de los padres, que no deben desvalorizar a los maestros con sus prejuicios, sino realizar críticas y observaciones que nazcan de su necesaria participación en el proceso educativo. También del Estado, que debe abandonar la hipocresía y dotar a la actividad de infraestructura y orientación básicas. Y de la sociedad, que a veces da la impresión de solazarse con el fracaso sin comprender que los niños responden a la cultura en la que nacen y que su deserción es, en cierto modo, nuestro propio fracaso.Resulta inhumano responsabilizar sólo al maestro que, en muchos casos, en condiciones adversas y sin que nadie se entere, vive haciendo milagros cotidianos a pura tiza, pizarrón y, ahora, con las modernas netbooks .