Miguel de Unamuno, en la memoria
Para Unamuno, la lógica es servidora de la razón, pero la razón no es lo principal. La inteligencia no es todo.
El escritor español Miguel de Unamuno nació en Bilbao el 29 de septiembre de 1864 y falleció en 1936. Fue rector de la Universidad de Salamanca e influyó sobre los intelectuales, especialmente entre los escritores de la Generación de 1898. Como buen vasco, resultó de carácter vehemente, disconforme y violento, además de un aspecto quijotesco.Cultivó todos los géneros literarios: poesía, teatro, novela y filosofía. En esta última, sienta que no hay por qué decir que el hombre es un animal racional, que antes bien será un animal afectivo. Hay en él un primado de la existencia (se adelantó en parte al existencialismo de Jean Paul Sartre).En su obra Mi religión, exclama: "Si creo en Dios, es porque quiero que Dios exista". Dice que una vez le explicó a un campesino acerca de un Dios, como lo conciben los filósofos, un Dios conciencia del universo, al que no llegan los hombres, y el campesino objetó: "Entonces, ¿para qué Dios?".Cuando leyó –en La filosofía del Derecho, de Hegel– que "todo lo real es racional y que todo lo racional es real", se rió y contestó que tal cosa le recuerda a aquel sargento de artillería que explicaba que un cañón se construye tomando un agujero y recubriéndolo de hierro fundido.Para Unamuno, la lógica es servidora de la razón, pero la razón no es lo principal. La inteligencia no es todo. Viene al caso la frase: "Para entender eso, no hace falta sino inteligencia".
Excentricidades
Digresión 1): Conrado Nalé Roxlo, en su
Antología apócrifa,
imita a Unamuno así: “Si encontrares aquí alguna idea que te pareciere razonable... recházala como no mía”... “En cuanto menos lo esperamos, ya estamos revolcándonos en la lógica, en la cochina lógica de los pedagogos y de los psicólogos”.
Cuando Unamuno habla del yo, se refiere al cuerpo, no al yo de Fichte. A ese cuerpo que fue de él hace 20 años y sigue siéndolo. Ese yo que reconoce en la continuidad y que no quiere ser otro.
Y, en efecto, nadie desea ser otro; aclara: “Irle a uno con la embajada de que deje de ser sí mismo para ser otro, es lo mismo que irle con la embajada de que deje de existir”. Añadamos, de paso, que Unamuno cuidaba su cuerpo del frío colocándose un periódico en la espalda, bajo el chaleco.
Digresión 2): Nalé Roxlo también imita lo relativo al yo y concluye: “Por eso, lector, yo no quiero entenderme contigo, ni que tú te entiendas conmigo, pues mi yo es mi yo y nunca podrá ser tu yo, es decir tu Tú; a menos que anulemos el Yo para caer en aquello del tú y no haya más que Tú: el tú tuyo, el tú mío, el tú de este, el tú de aquel, con lo que iríamos a parar al Tuturututú de los enemigos de la personalidad”.
César González Ruano, en
Vida, pensamiento y aventura de Unamuno
, cuenta que en Salamanca un alumno de griego le explicó a Don Miguel que no sabía nada para el examen del día siguiente. Pero que, como vendría su padre a controlar la prueba, le tomara el tema 17, que él repetiría como un loro, y que luego podría aplazarlo con otras preguntas, pues argumentaría que se puso nervioso. A Unamuno le hizo gracia, pero aceptó.
Al otro día, le dice severamente: “Veamos el tema 17”. “No lo sé”, contesta el alumno lo más tranquilo.
Unamuno repasa en su memoria, piensa que se confundió y le pregunta en voz baja:
–¿Pero no habíamos quedado que era el 17?
–Sí, pero mi padre no pudo venir.

