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Mercado laboral y narcotráfico

Los líderes del narcotráfico poseen las mismas características de las personas que triunfan en el autoempleo o en proyectos empresariales. Son ambiciosos y disfrutan de la autonomía.

06 de octubre de 2014 a las 12:02 a. m.
Andrea Queruz Chemes*
Mercado laboral y narcotráfico

El trabajo ocupa un plano central en la vida de los seres humanos. Adquiere diferentes representaciones según el momento histórico del cual se trate, de los cambios culturales, económicos y tecnológicos que se suceden desde la Revolución Industrial hasta el presente, en el que coexisten distintos paradigmas productivos. Esos cambios en los modos de producir tienen sus repercusiones en las relaciones laborales y en el mercado de trabajo formal, e inciden tanto en la relación de oferta y demanda de empleo como en su calidad. Los perfiles laborales requeridos son cada vez más calificados y exclusivos, de modo que los candidatos deben ser capaces de metabolizar las exigencias dinámicas para la obtención de empleo, o bien desarrollar competencias para desplegar un proyecto laboral propio.

La lectura de la realidad

Introducirse, permanecer, crecer en un mercado laboral más estático que dinámico en tiempos de recesión es una tarea compleja, desafiante, y depende no sólo de las experiencias y capacidades individuales.

¿Quiénes se adaptan mejor? ¿Aquellos que se entrenaron en medios hostiles de escasas oportunidades? ¿O –por el contrario– quienes han 
reunido fortalezas, oportunidades sociales y de mercado?

Los primeros han desarrollado capacidades idóneas para conducirse en la adversidad, lo cual puede tener una connotación positiva o negativa, según los medios con los cuales se sostienen y los resultados, me refiero a la delincuencia.

Los segundos, en su versión aceptada, generan otras interacciones sociales y pueden mantenerse en el mismo lugar, neutralizar debilidades, generar alianzas societarias y desarrollarse, pero también pueden producir respuestas desviadas, al igual que los primeros, en pos de alcanzar los mismos resultados.

En la realidad objetiva, la búsqueda de un recurso escaso –como lo es el empleo–, para mantenerse en un mismo nivel, no resulta motivante. Menos aún para quienes fueron socializados en medios hostiles y crecieron carentes de todo, tanto material como moralmente.

Córdoba es cuna de empresas que han logrado proyectarse, metabolizar cambios, mantenerse en el medio y, en otros casos, seguir expandiéndose. Lo lograron a fuerza de voluntad, liderazgo, visión estratégica, tolerancia a la incertidumbre ­­–mucha en economías imprevisibles como la nuestra–, capacidad operativa y de gestión de sus líderes. ¿Son estas capacidades propias y exclusivas del perfil empresarial?

Empresario legítimo 
y “narcoperfil”

Uno de los ejemplos más resonantes lo constituye el perfil criminológico del “Chapo” Guzmán, que concilia todas estas cualidades antes mencionadas y que asumió sus desafíos al máximo, pero, claro está, en una actividad ilícita.

Este narcotraficante mejicano mostró capacidad de análisis y de reacción racional, es estable emocionalmente y tiene elevada tolerancia a la frustración. Apto para definir sus metas y alcanzarlas usando su capacidad de planificación, organización, proyección a futuro y actitud negociadora.­­

Si lo comparamos con el empresario mejicano Carlos Slim, ambos tienen en común que son hombres de negocios, se encuentran a la cabeza de empresas muy redituables y, sobre todo, ambos valoran la eficiencia, la independencia y el crecimiento.

Entre las razones por las cuales los narcos parecen no tomar la vía del autoempleo, se encuentra la económica: la falta de capital inicial, alta necesidad e inquietud en su personalidad.

Esto no significa que no haya que reducir el atractivo del crimen como profesión, pero sí resulta una problemática más compleja que lo que parece.

Los líderes del narcotráfico poseen las mismas características de las personas que triunfan en el autoempleo o en proyectos empresariales. Son ambiciosos, toman riesgos y disfrutan de la autonomía. Su impaciencia y su gusto por el poder les impiden desarrollar metas de más largo plazo, como la educación formal y la socialización mediante las instituciones.

El complejo proceso de producción y distribución de drogas encierra muchas fases que requieren el trabajo de un número indefinido de personas encargadas de la producción de la materia prima, su transformación en los laboratorios, fragmentación y distribución por todos los medios y rutas hasta el mercado de consumo, incluidas las tareas de lavado de dinero y contratación de asesinos a sueldo.

Esa organización de la actividad requiere roles laborales específicos y competencias sociales también especiales. En este sentido, la industria del narcotráfico se ofrece como generadora de empleo en mercados laborales decadentes. Así logró radicarse y expandirse hacia el mundo en países como Perú, Colombia y México.

En la Argentina

Nuestro país, aunque más novato en la materia comparado con los anteriores, ofrece las condiciones socioeconómicas idóneas para que prospere tal industria. Me refiero a la crisis de las instituciones y el escaso impulso a políticas de desarrollo socio-económicas que apenas rozan la superficie de la problemática.

La flexibilización laboral también es compatible con el narcotráfico, pues la capacidad de conversión organizacional de grandes estructuras monopólicas en redes atomizadas y menos visibles, con las que opera el narcotráfico, hace que logre su crecimiento comercial y se dificulte la persecución de las autoridades.

En Córdoba, en las llamadas causas del narcoescándalo –en las cuales intervine como perito de control–, se forzó establecer una relación directa, casi unicausal, con la fuerza policial, y se dejó en un segundo plano la investigación de narcotraficantes, lo cual pudo propiciar su autoencubrimiento.

El éxito del narcotráfico no sólo está dado en la prospectiva económica a corto plazo que el mercado laboral formal no ofrece, sino también en las debilidades que tenemos en las instituciones, además de la combinación con otros factores, tales como las preferencias individuales de quienes se inician en la tarea. Así se advierte que el mercado informal es un espacio provechoso para los narcos.

Los criminólogos han demostrado que los narcotraficantes líderes poseen características psicológicas particulares que los hacen idóneos para los negocios; les gusta el riesgo, son calculadores en su toma de decisiones y les gusta emprender.

¿Ejercer mayores medidas de control? ¿O fortalecer las redes sociales de contención interviniendo en el fomento de las condiciones y cultura del trabajo?

Hasta aquí, los narcotraficantes ¿permanecen invisibles? Se puede decir que la inteligencia criminal se adapta y crece rápidamente conforme identifican las oportunidades y amenazas del mercado, igual, pero con mayor plasticidad, que una empresa.

La debilidad del competidor narco puede devenir en la propia fortaleza. Es decir, cuando se llega a identificar a un líder mediante una investigación, suele ser a partir de la denuncia anónima. ¿Se trata de una forma de venganza? Hay que tener en cuenta que la caída de uno de ellos incrementa de poder a otro narco, quien así gana territorio para su provecho.

*Perito de control, consultora en psicología judicial y laboral-empresarial