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Mensajes de texto

El texto ya nos fue entregado. Si somos buenos lectores, mejoraremos el contexto. Que así sea.

28 de septiembre de 2021 a las 12:01 a. m.
Marcelo Polakoff*
Mensajes de texto
Esta misma noche celebramos Simjat Torá, la fiesta que cierra el ciclo anual de la lectura de la Torá y en el mismo momento lo renueva. (Imagen ilustrativa)

Gracias a Mahoma nos llamamos “el pueblo del libro”, y gracias al cristianismo ese libro pasó a tener presencia universal. Todo un mensaje en sí mismo…

¿A qué libro nos referimos? Pues a la Biblia Hebrea, a veces llamada “Viejo Testamento” o “Primer Testamento”, ese conjunto de libros sagrados que dentro del pueblo judío lo denominamos “TaNaJ”, pero también “Mikrá”. Hasta aquí la parte más descriptiva. Pasemos pues a lo esencial.

¿Cuál es su contenido y por qué ha preservado su increíble relevancia a pesar de los milenios y de las peripecias?

Responder semejante interrogante en tan poco espacio es evidentemente una empresa estéril. Sin embargo, me animaría a postular que su maravillosa permanencia se desprende de la comprensión de lo que implica el nombre más literario de la Biblia Hebrea: “Mikrá”.

“Mikrá” significa en primera instancia “lectura”, y el ejercicio constante de la lectura de este texto sagrado más todos los textos que a su alrededor se fueron produciendo han contribuido a que hoy mismo su abordaje fuera una fiesta del espíritu. De hecho, esta misma noche celebramos Simjat Torá, la fiesta que cierra el ciclo anual de la lectura de la Torá y en el mismo momento lo renueva.

Y si afirmamos que en esa lectura podemos encontrar ecos de la palabra divina, tendremos que aceptar que “Mikrá” también es traducible como “llamado”. ¿Por qué? Porque si leemos bien el texto, debiéramos hacernos eco de ese llamado a fin de encontrar la sacralidad que se halla impresa en el alma de cada ser viviente.

La manera más precisa y más preciosa de verificar si en esa lectura percibimos aquel llamado es confirmando la tercera acepción de “Mikrá”, que es nada menos que “encuentro”.

Entonces si el resultado de la lectura de ese llamado produce encuentros, pues estamos en la senda correcta. Las tres acepciones deben integrarse para que el texto no pierda su divinidad. Y, es cierto, puede ser solamente leído sin invocar llamado alguno. Y también puede darse el peor escenario: que su lectura promueva un llamado a los desencuentros.

El texto ya nos fue entregado. Si somos buenos lectores, mejoraremos el contexto. Que así sea.

*Rabino, integrante del Comipaz