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¿Más ciudades-Estado?

La matriz de la “ciudad-Estado”, exitosa en el mundo y bien ­empleada para la Caba, puede ser considerada para renovar ­­la integración de estas colecti­vidades territoriales y políticas en la vida federal y provincial.

23 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
José Emilio Ortega*
¿Más ciudades-Estado?

El Censo 2010 arroja datos demoledores respecto del peso del conglomerado denominado "Gran Buenos Aires". Aun cuando la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba) se mantiene en la misma cantidad de habitantes, el cordón que la rodea aumentó su población considerablemente. Muy interesante es la proyección de población para el año 2040 que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La Caba se mantendrá estable; pero la provincia de Buenos Aires sumará cinco millones de habitantes, buena parte de los cuales se concentrará en el denso entramado urbano que rodea a la actual capital de la nación.Esta inexorable realidad exige repensar la dinámica federal. La reforma de 1994, consensuó innovaciones de amplio alcance, como el estatus jurídico de la Caba, determinando un reconocimiento diferente, realista y efectivo, cercano hoy a la configuración provincial. En la práctica institucional, la Caba es la vigésimo cuarta jurisdicción nacional.Ahora bien, hacia el norte, el sur y el oeste de la Caba, siguen creciendo municipios-departamento bonaerenses, con una dinámica propia.El federalismo de concertación admite alternativas de vínculo que permiten a estas jurisdicciones locales desarrollar estrategias de relación –con la Caba, la Provincia y la Nación–; pero también es innegable que su condición de municipio-partido, en una provincia que sigue viviendo, al menos desde lo constitucional-formal, a la autonomía municipal como un tabú, limita su proyección. Lo cual impide afianzar un federalismo plural y dinámico, como lo promueve la Constitución.En el primer cordón bonaerense, la totalidad de municipios supera el piso de 300 mil habitantes. Dos veces más que la suma completa de los pobladores de Tierra del Fuego, o cantidad similar a la de provincias como Santa Cruz, Chubut, La Rioja o Catamarca.Un municipio emblema, como La ­Matanza, se compara con la provincia de Mendoza íntegra. Lomas de Zamora, con más de 600 mil habitantes, se coteja con Jujuy entera. No cambia al examinar el segundo cordón. La visibilidad e incidencia ­demográfica e institucional de estos ­municipios es tal que muchos organismos nacionales les otorgan una categoría especial.

Enorme incidencia

Pude comprobarlo en mis años de participación en el Consejo Federal de Salud (Cofesa), donde si bien los intendentes del conurbano, o sus secretarios de Salud, no poseían silla en la mesa principal, sólo reservada al ministro de Salud bonaerense, sí mantenían una vinculación directa con el titular de la cartera federal, recibiendo cuantioso financiamiento nacional y ejecutando programas como si se tratase de las más poderosas jurisdicciones provinciales.

Semejante empuje se alimenta por el peso electoral, la demanda de servicios y tantas otras. La vida de esas importantes localidades (que por su condición de “municipio-partido” combinan dentro de su radio una densa trama urbana –o varias–) es conducida por personalidades políticas de enorme incidencia, pero cuya jerarquía institucional no se diferencia en gran medida de la de un modesto jefe local de pueblo.

Aunque algunas prácticas, que a estos posiblemente la democracia les to­lere, ya no les quepa a quienes, en estricta realidad, gobiernan jurisdicciones 
que, por su demanda de servicios, son tan complejas como muchas provincias.

Estos municipios deben ser el centro de un profundo debate. Su trascendencia nacional determina la consideración de alternativas que formalicen esa incidencia. De ese modo, sus habitantes serán parte de una jurisdicción autónoma que deberá incorporar elementos de organización suficientes para otorgar mayor calidad institucional a sus poderes, y desarrollar otro abordaje para la provisión de bienes públicos esenciales.

Asimismo los argentinos tendríamos claro cuál es el presupuesto de cada una de ellas –por estar coparticipado– y cómo se ejecuta. También, podríamos conocer quiénes son sus representantes legislativos y por qué debaten en el Congreso de la Nación.

Podríamos dejar de referirnos –no sin cierta ironía– a este colectivo de intendentes como “los barones”, y con más determinación y visibilidad, apreciar quiénes son los jefes de gobierno que se sientan a la mesa de las jurisdicciones que forman el Estado-Nación, abandonando cierta penumbra institucional.

La matriz de la “ciudad-Estado”, exitosa en el mundo y bien empleada para la Caba, puede ser considerada para renovar la integración de estas colectividades territoriales y políticas en la vida federal y provincial, con gradualismo, prudencia, oportunidad y debate, pues habrá numerosos temas para analizar antes de tomar definiciones.

* Profesor de la UNC, asesor del Poder Legislativo Provincial