¿Más ciudadanía municipal?
La administración municipal está sujeta a un concepto evolutivo de mayores prestaciones y mejores servicios a sus vecinos, según las cambiantes necesidades actuales. Roberto F. Bertossi.
La naturaleza social y democrática del Estado municipal debe considerar a cada ciudadano como un fin en sí mismo, en razón de su dignidad humana y de su derecho a la realización en el marco de un proyecto personal y comunitario. Un Estado social y democrático de derecho local se visibiliza más en la concreción de la noción "servicio público" cuando garantiza o no las condiciones materiales e institucionales para el libre y pleno desarrollo de la personalidad, tanto como la consecución y disfrute de una igualdad efectiva para la satisfacción de toda la ciudadanía.El constituyente local, al acoger esta forma de organización sociopolítica, elevó a deber estatal municipal, respecto de sus vecinos-usuarios-contribuyentes, el de asegurar el acceso equitativo a los servicios públicos, como son la educación, la cultura, la salud, la promoción social, un ambiente sano y la recreación.En consecuencia, la administración municipal está sujeta a un concepto evolutivo de mayores prestaciones y mejores servicios a sus vecinos, según las cambiantes necesidades y las complejidades actuales.La idea de servicio público resulta un instrumento valioso para lograr el Estado social y democrático de derecho, en forma pacífica, sin privilegios ni provocaciones de los grupos de interés corporativo. Hoy, éstos ostentan posiciones con ventajas inequitativas respecto de los sectores mayoritarios, expuestos de manera irresponsable e injusta a enormes necesidades insatisfechas en materia de bienes y servicios primarios.Por lo tanto, la legitimidad del Estado municipal dependerá del cumplimiento de sus deberes sociales y de la eficacia de su gestión pública. Los cordobeses ya están hipersensibles respecto de la efectiva realización de sus fines esenciales, en particular porque sobre ellos pesa toda la carga de un régimen tributario y tarifario que no para de incrementarse, sin causa alguna.La desidia e ineficiencia generalizadas hicieron que cada cordobés perciba al municipio como una carga insoportable. Por ese camino se llegó finalmente a la quiebra y devastación de la Municipalidad, reduciéndola a "tierra arrasada" y truncando así en forma irresponsable su capacidad para brindar las prestaciones básicas a su cargo.Baste con señalar las averías e irregularidades estructurales que hoy exhiben servicios públicos esenciales, por ejemplo: tratamiento de líquidos cloacales, recolección de basura, urgencias médicas, transporte, semaforización, alumbrado y hasta la mismísima y paradójica emergencia de la Junta de Emergencia Municipal.¿Cómo se corresponden, entonces, garantías superiores de obtener prestaciones de calidad y efectivas para satisfacer necesidades humanas vitales, frente a tanta anarquía?En los últimos años, los desencuentros en la relación municipio-sindicato produjeron estragos en todo aquello propio e inherente a la Municipalidad. Esto se tradujo en maltrato e indefensión respecto de los servicios públicos relacionados, lo que supone una deuda social enorme de los actores institucionales y corporativos protagonistas de estos antagonismos, deuda efectivamente originada en carísimas desidias, ineficiencias e irresponsabilidades administrativas y/o sindicales recientes.Finalmente, entonces, y si de sincerar todo se trata, para más ciudadanía municipal urge una gestión idónea, sin corporativismos, que no ignore aquel apotegma de Arturo Jauretche que hoy rige como nunca: "Sin igualdad de trato y de oportunidades, no se exija ni se espere ecuanimidad ciudadana".
*Abogado, especialista en cooperativismo.

