Un mártir de la razón
Servet pidió ser ejecutado con el hacha y no en la hoguera. Farel respondía: “Confiesa tu crimen y Dios se apiadará de tus errores”. Arnaldo Pérez Watt.
Con tanto barullo, se nos pasó el aniversario de los 500 años del catalán Miguel Servet, nacido en Lérida el 29 de septiembre de 1511. Desde la niñez, era bueno en matemáticas, geografía e historia; y se distinguió en lenguas clásicas. A los 17 años, se inscribió en derecho en la Universidad de Toulouse. Allí leyó por primera vez una Biblia y trabó amistad con jóvenes que seguían a Lutero. Pasó a Alemania, donde se relacionó con jefes de la Reforma y se dio cuenta del problema religioso que estaba agitando a Europa.Fue a París a estudiar nada menos que con Silvio y Vasalio. Se le debe el descubrimiento y la descripción de la circulación de la sangre en los pulmones. Lo expuso en el libro V de De Trinitate , con un razonamiento fundado en observaciones empíricas. Publicó su obra contra la Facultad de Medicina, con lo que se ganó la animadversión de todos los médicos.Conoció a Juan Calvino, con el que discutió de manera violenta. Intentó una reforma más completa y lógica que la de este y Lutero.Como si estuviesen compitiendo, Calvino escribió Institución cristiana y Servet, La restitución del cristianismo (1546). Luego le envió unas cartas a Lutero con párrafos que diferían de la obra y ahí metió la pata.Calvino lo denunció al inquisidor de Lyon y fue detenido. Registraron su casa y no encontraron nada. Como el libro no llevaba firma, hubiese seguido viviendo. Pero otro inquisidor envió a Calvino dichas cartas que tenían su firma.Fue condenado a muerte, pero huyó a Italia, donde tendría la protección de clérigos relevantes. Para llegar hasta allí, debía pasar por Ginebra, en donde fingió ser italiano y cambió su nombre por el de Miguel Viramonti. Pero no tuvo mejor idea que ir a escuchar a Calvino, quien, cada vez más poderoso, disertaba en la catedral de San Pedro de esa ciudad.Reconocido por un espía llamado Lafontaine, fue apresado y procesado por heresiarca. La causa se debatió en 11 sesiones. Calvino hizo votar que fuese quemado vivo con sus libros.En la madrugada del día fijado, Calvino lo visitó en la cárcel acompañado de un tal Farel. Servet pidió ser ejecutado con el hacha y no en la hoguera. Farel respondía: "Confiesa tu crimen y Dios se apiadará de tus errores". Y era Calvino el que podía liberarlo.Ocurre en religión y a veces en política que, cuando los antagonistas son de distintos árboles, no se detestan: un budista puede ser amigo de un cristiano, y un taoísta de un musulmán. Cuando la escisión se da en una rama, digamos los protestantes y los católicos, ya las relaciones resultan más tensas. Y aquí todavía se subdividen en ramas de una rama. Sean por ejemplo las distintas creencias dentro del protestantismo: luteranismo, calvinismo, anglicanismo, presbiterianismo, etcétera. Si bien entre Lutero y Calvino no llegan a matarse, sí ya hay muchos mártires inocentes. Y a Servet se le da por contradecir a este último.La tenacidad de la razón y la persistencia fueron su objetivo. Pero chocó con la obstinación que muchas veces produce la pobreza espiritual. Pudo luchar contra la incomprensión, pero fue eliminado por la intolerancia, que es el recurso de los incapaces de generar opiniones valederas. Calvino se mostró cruel con sus opositores. Desde 1544, se dictaron 58 sentencias de muerte y 76 de destierros.El 27 de octubre de 1553, en la colina de Champel, a orillas del lago ginebrino, se lo ató a una columna, se le colocó una corona de sarmientos verdes de vid untada con azufre y, al lado, un ejemplar de su Restitutio . El suplicio duró dos horas, porque la leña tenía el rocío de la noche; pero algunos espectadores compasivos le echaron leña seca.

