Maratón electoral latinoamericana 2014: tendencias
En América del Sur, sigue vigente la tendencia de que todo presidente que buscó su reelección (desde 1978 a la fecha) la obtuvo.
El holgado triunfo de Tabaré Vázquez en el balotaje uruguayo del domingo pasado puso fin a la maratón electoral latinoamericana 2014, compuesta por siete elecciones presidenciales: Costa Rica, El Salvador, Panamá, Colombia, Bolivia, Brasil y Uruguay, de las cuales podemos extraer importantes tendencias en relación con el panorama político-electoral de la región.
El continuismo se impone en Sudamérica y la alternancia prevalece en América Central. El oficialismo triunfó en las cuatro elecciones presidenciales de América del Sur: Colombia, Bolivia, Brasil y Uruguay.
En cambio, en América Central en dos de los tres casos hubo alternancia (Costa Rica y Panamá) y continuidad en El Salvador. A nivel regional, el oficialismo ganó en cinco de las siete elecciones que tuvieron lugar en 2014.
Pluralismo ideológico en el ámbito regional, pero con predominio de la izquierda o centroizquierda. En tres de las cuatro elecciones sudamericanas, ganó la izquierda (Morales) o la centroizquierda (Dilma Rousseff y Tabaré Vázquez). El colombiano Juan Manuel Santos, de centroderecha, fue la única excepción a esta tendencia.
En el caso de América Central, en dos de las tres elecciones triunfó la centroizquierda (Luis Guillermo Solís, en Costa Rica) o la izquierda (Salvador Sánchez Cerén, en El Salvador). La centroderecha obtuvo sólo una victoria: la de Juan Carlos Varela, en Panamá.
El resultado de estas elecciones es que todos los actuales gobiernos en América del Sur son de izquierda o centroizquierda, salvo en Colombia y Paraguay.
En América Central, la situación es más plural, con gobiernos de derecha o centroderecha en Guatemala, Honduras y Panamá; de izquierda en El Salvador y Nicaragua, y de centroizquierda en Costa Rica.
El balotaje está en su apogeo. Seis de los siete países donde hubo elecciones en 2014 tienen regulada la segunda vuelta (salvo Panamá) y en cinco de estos seis comicios se dio la necesidad de ir a una segunda vuelta: Costa Rica, El Salvador, Colombia, Brasil y Uruguay (la victoria de Evo Morales en primera vuelta fue la excepción); y sólo en Colombia hubo reversión de resultado entre la primera y la segunda vuelta (Juan Manuel Santos, que quedó en segundo lugar en la primera vuelta, le ganó después a Oscar Zuluaga en el balotaje).
La reelección sigue siendo infalible. Los tres presidentes que buscaron su reelección consecutiva (Santos, Morales y Rousseff) la obtuvieron. Vázquez (como Bachelet el año pasado en Chile) logró reimponerse vía reelección alterna.
En América del Sur, sigue vigente la tendencia de que todo presidente que buscó su reelección (desde 1978 a la fecha) la obtuvo.
Si a ello le sumamos las reelecciones de Cristina Fernández (2011) y de Rafael Correa (2013), así como las reelecciones alternas exitosas de Michelle Bachelet (2013) y de Tabaré Vázquez (2014), podemos concluir que en América del Sur hay muchas elecciones pero pocas caras (o agrupaciones partidarias) nuevas.
En efecto, nunca antes, en democracia, la región había tenido un número tan alto de gobiernos de tan larga duración: cuatro períodos seguidos del PT en Brasil, tres seguidos del Frente Amplio en el Uruguay, tres gobiernos kirchneristas, tres elecciones seguidas ganadas por Morales y por Correa, y el chavismo en el poder desde hace mas de 15 años.
Argentina 2015
Con las elecciones argentinas de octubre de 2015, concluye el ciclo de renovación de los gobiernos de los países del Cono Sur. Paraguay y Chile tuvieron elecciones en 2013, mientras que Bolivia, Brasil y Uruguay fueron a las urnas este año.
En cuatro de los cinco países, ganó la izquierda (Bolivia) o la centroizquierda (Chile, Brasil y Uruguay). La excepción fue Paraguay, con un gobierno de centroderecha.
En tres de los cuatro países, hubo necesidad de ir a una segunda vuelta. Las excepciones son Bolivia (donde Evo arrasó en primera vuelta) y Paraguay (que no tiene regulado el balotaje).
Y en tres de los cinco países hubo continuidad oficialista (en dos casos, vía reelección de presidentes, y en uno, de partido).
Las alternancias se dieron en Chile y en Paraguay, pero en ambos casos implicaron el regreso al gobierno de partidos (el Colorado en Paraguay) o coalición de partidos (de centroizquierda en Chile) que ya habían gobernado por largo tiempo.
Si las encuestas no se equivocan, y con independencia de quien gane la presidencia en la Argentina, en 2016 ningún partido controlará por sí solo el Congreso.
En este escenario, los dirigentes políticos deberán prepararse para reemplazar el estilo hegemónico del híper presidencialismo (característico del menemismo y del kirchnerismo, que arrasó con la división de poderes y convirtió al Congreso en una mera escribanía del Ejecutivo) por un estilo basado en el diálogo y los acuerdos.
El nuevo presidente deberá gobernar mediante coaliciones que le permitan contar con las mayorías necesarias para hacer frente al pesado legado que heredará del actual gobierno.
Esta es la situación que desde hace tiempo existe en Brasil, Uruguay y Chile (con sus propias especificidades), situación en que nuestro país debería ir pensando seriamente.
Mi opinión
Los resultados de esta maratón electoral muestran la heterogeneidad geográfica de América latina. Mientras en América del Sur prevalece una tendencia continuista y con gobiernos de centroizquierda o izquierda, mayoritariamente, en América Central, en cambio, observamos tendencias más equilibradas en ambas dimensiones.
Las oposiciones aumentaron su capacidad de hacer difíciles las victorias a los oficialismos, pero en la mayoría de los casos fueron incapaces de forzar la alternancia.
Es cierto que existen grados de insatisfacción debido a demandas ciudadanas no cumplidas y un deseo de cambio, pero a la hora de la verdad, el electorado está optando (sobre todo en América del Sur) no tanto por el cambio, entendido como alternancia, sino por “el cambio en la continuidad”, ya que existe temor de perder el progreso y el consumo obtenido en los últimos años.
En este sentido, los programas sociales constituyen una poderosa arma clientelar que genera lealtad política y réditos electorales a los oficialismos.
En pocas palabras, en América latina nadie quiere volver a ser pobre y, para lograr este objetivo, parece que para amplios sectores de la población latinoamericana los gobiernos de izquierda ofrecen mejores garantías que los de centroderecha.
Mientras no se modifiquen estas condiciones, la alternancia en la mayoría de los países de América del Sur deberá seguir esperando. ¿También en Argentina?
*Director regional para América latina y el Caribe de Idea Internacional.

