Temas del día:

Mañana es el día

Si el choque de ambiciones parece ensombrecer la lucha de pasiones, es menester reaccionar y soñar con una república justa. Arnaldo Pérez Wat.

24 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
Mañana es el día

Los pueblos que pierden la conciencia de su destino y olvidan sus tradiciones, carecen de la fuerza moral para enfrentar sus males; mientras que los que se apoyan sobre el espíritu de sus antepasados de mayor gloria están mejor preparados para el porvenir. Mañana, evocaremos el hecho más relevante de la Semana de Mayo, sin considerarlo patrimonio individual de ningún partido.

Ya sea el Consulado, desde donde Belgrano reconoció que nada se hacía a favor de las provincias, porque los hombres anteponían sus intereses al interés común. Ya sea Mariano Moreno, que vivió apenas 33 años, con una breve actuación pública de sólo 10 meses. Su nombre pasa de generación en generación y se repetirá mucho en el año del Bicentenario, porque iluminó el ideal de la Revolución. Su fogoso espíritu dirigía la vista hacia tiempos futuros: "Debemos dirigir el espíritu público, educar al pueblo, contener o destruir a sus enemigos". Sus escritos y su acción son como una proclama de amor por los humildes; además, de su idea eterna y universal de justicia social, y de la firme convicción de la urgencia de la emancipación de la corona y de la necesidad de una constitución federal.

Moreno fue el verbo rebelde en las jornadas del hacer, así como Esteban Echeverría fue el romántico rebelde sembrando esperanza con sus visiones de idealista del Derecho.

Últimamente, el pueblo tiene la sensación de que, puesto el funcionario en el cargo, trata de ajustar todo su programa, primeramente, a sus necesidades, y después, a las del Estado.

Además del triunfo de la civilización, luego de luchas intestinas, sangre y desentendimientos, se llegó, en la historia del Parlamento, a un Estado pacífico. Aunque ardoroso, tuvo sus momentos de brillantes representantes de la voluntad popular, que afrontaron y discutieron con inteligencia y civismo, los inevitables problemas que yacen en todo grupo que anhela una república.

200 años. Mañana es el cumpleaños. Miremos hacia atrás, pero no para calificar ni descalificar hombres, gobiernos ni instituciones. Es el momento de la solemne invocación. Allá están los que nos dieron una patria, una bandera y una Constitución. Debemos rememorarlas con emoción a través del pórtico luminoso de la historia de la República, que surgió de aquel choque de pasiones. Puede haberse borrado en la memoria el granadero de corvo sable que nos saludaba por la mañana en los textos de la escuela primaria, pero con el bronce inapelable de la parte gloriosa de aquella gesta, pensemos cuál será el modelo ideal de nación que deseamos para que nunca tengamos que sonrojarnos al invocar la patria.

Si el choque de ambiciones parece ensombrecer la lucha de pasiones, es menester reaccionar y soñar con una república justa, sin oprimidos ni opresores, en la que la libertad se respire por todas partes y las ideas tengan que ser vencidas por las ideas, no con la violencia organizada ni con estratagemas que tergiversan las disposiciones legales.

Nuestros antepasados gloriosos dieron su sangre para que dejemos de ser una colonia y todavía, acongojados, nos sentimos colonia. Sin embargo, aunque el aluvión económico pase por nuestras feraces pampas con el acicate de la soja e intente borrar los sembradíos y hasta la última vivienda humilde, debemos tener la fuerza espiritual para que, en lo más hondo del corazón, vibre el ideal de Justicia al son de la libertad que clama el sol de Mayo. Quiera el Altísimo que el alba del 25 se despliegue por nuestro suelo como un murmullo propiciatorio de mejores tiempos.