Malvinas: democracia, diálogo y soberanía
Las Islas Malvinas junto con Gibraltar se encuentran entre los escasos 16 territorios en todo el mundo que todavía mantienen una situación de colonialismo. Omar Ruiz.
La acción diplomática que en forma permanente viene desplegando nuestro país para recuperar la soberanía en las islas Malvinas ha generado nuevamente una reacción desmedida del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, con sus amenazas de reforzar la dotación militar en las islas.
La solidaridad de los países del Mercosur, en especial de Uruguay, con la decisión del presidente José Mujica de no permitir que barcos con banderas de las mal llamadas “Falklands” amarren en sus puertos; el apoyo de presidentes y ministros de Relaciones Exteriores de la Unasur, y el inesperado giro de Washington con su calificación de “gobierno de facto en las islas” para referirse a la usurpación por parte de Inglaterra crean condiciones inmejorables para forzar al gobierno inglés a sentarse a discutir la soberanía, en el marco del reclamo que Naciones Unidas viene realizando desde hace décadas.
Este último no contempla a los isleños como parte, ya que se trata de una población implantada en las islas que no goza del derecho de autodeterminación. Necesidad de diálogo. En 2011 y frente a la decisión unilateral del gobierno del Reino Unido de avanzar con la exploración y explotación de hidrocarburos en áreas de la plataforma continental argentina sujetas a la ocupación ilegal británica, en el norte de las Islas Malvinas, promoví y la Legislatura aprobó el apoyo a la campaña denominada Todos por Malvinas, reafirmación de la soberanía nacional impulsada por la Cámara de Diputados del Congreso Nacional e integrantes del Observatorio Parlamentario sobre la Cuestión Malvinas frente a lo que constituía una nueva provocación y agresión a nuestro país.
En ese momento, señalaba: "La República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte deben reanudar las negociaciones a fin de que se encuentre, con la mayor brevedad posible, una solución pacífica y definitiva de la disputa de soberanía a la que se refiere la 'Cuestión de las Islas Malvinas', de acuerdo con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas. Desde el año 1833, momento en el que fueron invadidas nuestras islas, la República Argentina reclamó en forma bilateral a Gran Bretaña y multilateral en Naciones Unidas y foros internacionales, por sus derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, Georgias e Islas del Atlántico Sur. En el año 1965, durante la presidencia de Arturo Illia y con la actuación de su canciller, Miguel Ángel Zavala Ortiz, Argentina logró que la ONU, a través de la resolución 2.065, las considerara como territorio bajo estatus colonial, recomendando a la Argentina y a Gran Bretaña que entablaran negociaciones sobre el proceso de descolonización e invitaba a los gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido a dialogar sobre la soberanía. Son múltiples los argumentos jurídicos, históricos y políticos que sostienen nuestros derechos sobre las islas. La Constitución Nacional reformada en 1994 prescribe que la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, por medios pacíficos y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino". Territorio colonial. Las Islas Malvinas, junto a Gibraltar, se encuentran entre los escasos 16 territorios en todo el mundo que todavía mantienen una situación de colonialismo. Nueve de esos territorios están bajo dominio británico; los demás siguen en poder de Estados Unidos, Francia y Nueva Zelanda.
Es bueno recordar que a comienzos de la década de 1970 se lograron avances en la relación de la Argentina continental y las islas a través del llamado “Acuerdo para las Comunicaciones”, que permitió entre otras cuestiones la realización de un puente aéreo entre las Malvinas y el territorio continental argentino; que los isleños tuvieran un documento emitido por las autoridades argentinas e inglesas; que nuestra Fuerza Aérea construyera una pista de aterrizaje; que Líneas Aéreas del Estado (Lade) operara un servicio de dos vuelos semanales, y que YPF abasteciera combustible en las islas.
Pocos años después, en 1974, hubo otro avance significativo cuando los ingleses, a través de la Embajada en Buenos Aires, admitieron la existencia de conversaciones acerca de la soberanía. Incluso se habló de la posibilidad de un condominio sobre las Islas Malvinas, según señalan diplomáticos de la época.
Frente a la intransigencia histórica y el debilitado hard power del imperio inglés, es momento de desplegar por parte de nuestro país un soft power mediante múltiples acciones diplomáticas, políticas, culturales y sociales en todos los foros del mundo para demostrar que el poder de la democracia argentina puede conseguir pacíficamente y, a través del diálogo, el reconocimiento de nuestros derechos sobre el territorio de las Islas Malvinas.
*Ex legislador provincial

