El macaneo en política
El ciudadano inteligente cree la mitad de lo que oye, pero el de talento sabe cuál es la mitad que hay que creer. Arnaldo Pérez Wat.
El diálogo es constructivo porque consta de argumentos y respuestas. Cuando, en cambio, se macanea, el candidato o el ejecutivo que lanza preguntas no espera respuestas, o bien anuncia proyectos disparatados. Ejemplos: Un avión que llegue de aquí a Rusia empleando 60 minutos o un gasoducto desde Venezuela hasta la Argentina. Ambos son irrealizables. Otros pueden llevarse a cabo, como un tren bala desde Córdoba a Buenos Aires, pero se vuelve un macanazo por el gasto que sangraría al erario público con muy poco beneficio. A veces se coloca éste último a la par del proyecto de un subte para nuestra ciudad, lo cual sí es factible y beneficioso; según explicamos en estas columnas el 8 y el 15 de noviembre de 2010.El ciudadano inteligente cree la mitad de lo que oye, pero el de talento sabe cuál es la mitad que hay que creer. Es la ciencia de la lógica la que se encarga de demostrar la falsedad de esos razonamientos y de otros. En los argumentos ad hominem –literalmente argumentos dirigidos contra el hombre– se ha dicho: "La filosofía de Francis Bacon es indigna de confianza porque fue desposeído de su cargo de canciller por su deshonestidad". Suele utilizarse en política atacando un proyecto genial que proviene de un funcionario que ha metido las manos en la lata.El argumento ad baculum –de apelación a la fuerza– ha dado lugar a injusticias. Se expresa: "La fuerza hace el derecho". Y se aprovecha para imponer la mano dura y doblegar a los opositores políticos.El argumento ad ignorantiam –por la ignorancia– se usa cuando se sostiene que una proposición es verdadera si no se ha demostrado su falsedad: "Hay fantasmas porque nadie ha demostrado que no existen". Llevado al macaneo político sería: "La Gestapo, con todos sus agentes, no ha podido probar que Pipistrello no es un terrorista, por lo tanto, le aplicaremos la Ley Anti-terrorismo.La Justicia supone la inocencia de una persona hasta que no se haya demostrado su falsedad, es cierto; pero el macaneo libre, llevando este principio a otro contexto, pretende a veces hacer valer conclusiones disparatadas.Resulta entonces que, aunque no hay locura más grande que prometer un paraíso de alegrías allí donde existe sólo un teatro de miserias, siempre hubo mistificadores que aseguraron al pueblo una felicidad perenne.Sin el macaneo, algunos astutos no habrían llegado a emperadores, ni hábiles candidatos estarían en su cargo. Paralelamente, en otro aspecto, existe algo constructivo: muchos macaneros se enriquecieron con sus argumentos sobre la fuente de juventud o sobre el elixir de la larga vida; pero la geografía física y la química se enriquecieron porque ciertos individuos, sin macanear, se pusieron a buscarlos.La opinión individual es un fenómeno psicológico, donde pueden inferirse macanas. Ejemplo: "Opino que soy el mejor escritor del pueblo". Se trata, como decimos, de un juicio subjetivo, incierto o falaz.Sin embargo, la opinión pública se traduce en un fenómeno social antes que individual; es una forma de conducta. En todo caso, es más una forma de actuar que implica su manifestación en ciertos pronunciamientos, donde el macaneo se revela como un agente pernicioso. Ese es el peligro de decir macanas frente a las masas, que cambian de idea a la menor variación del haz de luz que llega a su mente.La libertad de palabra es un gran privilegio; pero tiene a su lado el macaneo libre. Por suerte, como también la libertad física y espiritual, resultan el más grande destino del hombre, en todas partes del mundo hay seres que se resisten a ser manipulados.

