Los meses por venir
Recién en marzo dijo Cristina que anunciará si va a ser o no candidata a la reelección. Carlos Sacchetto.
Quienes pasan varias horas del día muy cerca de ella, reconocen que la Presidenta hace verdaderos esfuerzos para no liberar sus impulsos y retomar aquella crispación que envolvía sus palabras cada vez que enfrentaba un micrófono. Hay al menos dos razones que la contienen. Una es personal y está vinculada al doloroso vacío que sobrelleva desde hace exactamente un mes por la muerte de su esposo, Néstor Kirchner, el hombre que la acompañó y en quien se apoyó durante toda su vida. La otra razón es claramente política. No hay por estos días ninguna encuesta que no registre un alto porcentaje de adhesión emocional a su figura. Tanto que, aunque las cifras no puedan considerarse como intención de voto, si las elecciones fueran esta semana ella ganaría un nuevo período presidencial en primera vuelta. Hay por eso, detrás de sus actitudes, una estrategia que sigue al pie de la letra. Y lo está haciendo bien.Pero van sólo 30 días y hasta las elecciones faltan 11 meses. Los mismos encuestadores admiten que es una situación transitoria que no va a perdurar en el tiempo. Bajada la efervescencia, el natural desgaste que provoca la gestión, sumado a la necesidad de dar cauce a las innumerables contradicciones internas del kirchnerismo, terminarán por devolverle a la sociedad que está impresionada con la muerte del ex presidente, una imagen más cercana a la realidad. Y allí se verá si Cristina Fernández sale airosa del desafío de sostener el estilo político que construyó su marido.Por lo pronto, hay algunas señales de cambio. Apenas retornada a la Casa Rosada en su condición de viuda, Cristina recibió al asesor presidencial y eterno operador político del peronismo Juan Carlos "el Chueco" Mazzón, quien le llevó su renuncia. "Ni se te ocurra, vos seguí trabajando porque nada ha cambiado", le dijo la jefa del Estado. Mazzón, quien siempre hizo con paciencia los bordados más extraños en el paño peronista, tenía trato directo con Néstor y poca relación con Cristina. "Yo estaba al tanto de lo que hacías", le confesó la Presidenta. Pasaron los días y hace una semana ella le indicó que había que hablar con todos los dirigentes del peronismo federal. "¿Con Duhalde también?", preguntó el operador. "Dije con todos", fue la seca respuesta. En ese breve diálogo, muchos integrantes del Gobierno creen ver un rumbo diferente. ¿Será o no será? En la misma dirección se inscribe el apresurado deseo de la Presidenta de impulsar el llamado Acuerdo Social entre el Gobierno, los empresarios y los sindicatos. La movida apunta a que no crezcan las tensiones salariales que genera la inflación y, de ese modo, reducir al máximo la conflictividad social en el año electoral. Pero también busca establecer un ámbito de compromiso institucional que impida a Hugo Moyano ejecutar acciones que siempre terminan afectando la imagen del Gobierno. Dijo Cristina que recién en marzo anunciará si va a ser o no candidata a la reelección. En el kirchnerismo se lo están pidiendo desde ahora, pero esa decisión no sólo dependerá de razones y circunstancias políticas, sino también de cuestiones personales. Mucho se habla del atendible deseo de sus hijos de verla más cerca de los afectos que de la lucha política y de sus obli-gaciones presidenciales. Pero sólo ella elegirá el lugar a ocupar. Y no será antes del final del verano. Mientras tanto, las especulaciones se suceden y ubican a Daniel Scioli en el primer lugar para reemplazarla en la candidatura presidencial de un peronismo mayoritariamente unido si ella da un paso al costado. La otra posibilidad está siempre reservada para Carlos Reutemann, el enigmático pensador santafesino. El tablero así compuesto arroja una certeza que inquieta a la fragmentada oposición: con cualquiera de los tres, el peronismo seguramente podría prolongar su hegemonía. Pero todavía hay que atravesar el verano, observar cómo la sociedad colorea la imagen de Cristina y cómo el Gobierno procesa los efectos negativos de los graves hechos de corrupción que surgen de la investigación judicial al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime. Aunque el oficialismo minimice el caso en la extensa red de medios adictos, pocos ignoran que Jaime fue siempre un protegido del ex presidente Néstor Kirchner. Ésa, la de la corrupción, es otra de las contradicciones que muestra el declamado progresismo con el que se viste el Gobierno.

