Temas del día:

Los gritos de Cristina, cada día más lejanos

El grito “¡Patria o buitres!”, que sigue llegando desde el sur, ya no seduce a muchos legisladores que fueron fieles seguidores de Cristina.

13 de marzo de 2016 a las 12:05 a. m.
Los gritos de Cristina, cada día más lejanos

La distancia entre Buenos Aires y Santa Cruz sigue siendo la misma y también es igual la amplificación sonora de los teléfonos. Pero las órdenes que imparte ahora la expresidenta Cristina Fernández a sus principales espadas políticas son cada vez menos escuchadas por una tropa que antes nunca la desoyó. El mejor ejemplo está en el Congreso, donde la política ha vuelto a reinar limitando las obediencias dogmáticas; y en las provincias gobernadas por su propia fuerza, con mandatarios obligados a mirar más hacia adelante que hacia atrás.La desatención a los llamados telefónicos es sólo un dato de lo que está pasando. El jueves por la mañana, antes de la reunión de todos los gobernadores con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, hubo un fugaz encuentro en un hotel de la Ciudad de Buenos Aires entre el titular del bloque de senadores del FPV-PJ, Miguel Pichetto, y el diputado José Luis Gioja con Máximo Kirchner, su tía Alicia Kirchner, gobernadora de Santa Cruz, y sus colegas Gildo Insfrán, de Formosa, y Sergio Uñac, de San Juan. Fue un intento del ultrakirchnerismo de revertir la actitud colaborativa con el Gobierno, que aumenta en el peronismo.La orden de Cristina –ratificada por Máximo– es impedir que el oficialismo logre aprobar las leyes que le permitirán arreglar con los fondos buitre, cosa que parece ya encaminada a convertirse en el primer gran triunfo político del macrismo. La charla fue breve y directa, pero nada cambió. Hoy el Gobierno ya tendría asegurada la sanción de las leyes, y eso sólo es posible con votos peronistas, que dejarán más aislado al kirchnerismo.El grito "¡Patria o buitres!", que sigue llegando desde el sur, ya no seduce a muchos legisladores que fueron fieles seguidores de Cristina. Sería el declive de una conducción política que se va apagando por ausencia y por falta de argumentos sostenibles. Otra cara La sonrisa optimista que muestra el macrismo por su gestión política en estos tres meses contrasta con la extendida preocupación que se advierte en todos los sectores por la microeconomía, la que afecta en forma directa a individuos y familias. El arreglo con los buitres –idea que domina hoy el debate público– no garantiza por sí mismo, y en el corto plazo, la reactivación del consumo ni un freno inmediato a la inflación. La recuperación del poder adquisitivo de los salarios pasará entonces de manera central por las negociaciones paritarias, la prometida ley sobre el Impuesto a las Ganancias que reemplazará al cuestionado decreto de necesidad y urgencia del Presidente y una política antiinflacionaria que todavía no termina de perfilarse.En el área económica del Gobierno, estiman que la inflación del 4,8 por ciento que anunció la oposición parlamentaria para febrero marcará el techo. Pronostican la mitad y en descenso para el segundo semestre del año.Aunque así ocurriera, el tránsito hasta julio se anticipa con riesgos de alta conflictividad social. Las tres centrales obreras que conducen Hugo Moyano, Antonio Caló y Luis Barrionuevo ya anunciaron movilizaciones destinadas a preparar el clima de las paritarias, mientras que las otras organizaciones sindicales enroladas en la izquierda tienen en ejecución un plan de lucha con paros y concentraciones masivas.Dependerá, entonces, del manejo político del conflicto que haga el Gobierno y de los márgenes que disponga para negociar soluciones concretas a los reclamos. "Para eso se necesita plata y todavía no la tenemos", confiesan en el Palacio de Hacienda, mientras confían en que un mejor acceso al crédito internacional post  default encaminará las expectativas hacia la reactivación del aparato productivo y el aumento del consumo popular. De entrecasa Así como el gobierno de Mauricio Macri enfrenta problemas hacia la sociedad, también los tiene hacia adentro. Ya hay ministros que se animan a hacer evaluaciones de estos tres meses de gestión y en forma reservada no dudan en calificar a sus colegas. En un virtual orden de méritos, aparece como más destacado el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, a quien se considera uno de los mejores cuadros políticos del oficialismo, por su capacidad negociadora. También aplauden a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, que tiene en su provincia el 68 por ciento de imagen positiva y supera a Macri por más de 10 puntos.Esos reconocimientos contrastan con las sordas quejas que se escuchan contra el jefe de Gabinete, Marcos Peña. "Está adquiriendo demasiado protagonismo", señala un funcionario de alta jerarquía, mientras relata que Peña exagera su rol de filtro entre el Presidente y el resto de sus ministros, lo que produce ruidos en la convivencia dentro del Gobierno.Otro caracterizado dirigente que conoce desde hace años la dinámica interna del PRO afirma que Macri extraña a su lado la contracción al trabajo y eficiencia de Horacio Rodríguez Larreta, uno de los pilares de su gestión como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.Donde la interna se recalienta es en el peronismo tradicional. Nada indica hoy que el intento de Gioja de consensuar una conducción unificada pueda resultar exitoso y evitar la intervención del partido.La intransigencia del kirchnerismo más cerrado –que expresan Cristina, La Cámpora y las alianzas de izquierda– profundiza cada vez más la distancia con aquellos peronistas que entendieron el significado de la derrota electoral y se resisten a cometer los mismos errores que la originaron. Se apresuran así los tiempos de otra renovación, para que el PJ no pierda su vigencia en la política argentina.