Los cordobeses quieren cambiar
El bipartidismo en Córdoba y el país se desvanece y el destino se abre curioso ante nuevas formas que ni imaginamos. Luís Juez.
"¿Qué parte de la palabra 'ya' no entendés?" El funcionario estaba re caliente, pero el periodista insistía: "¿Pero… los papeles para la demolición están autorizados? ¿Este legado de arquitectura peronista no merece…?" El funcionario lo cortó en seco: "Qué peronista ni ocho cuartos; el gobernador quiere que ya se demuela y ya demolemos, está claro?" Este diálogo corresponde al último miércoles de 2010 frente a las puertas de la Casa de Gobierno ("de las Tejas") del bulevar Chacabuco, barrio Nueva Córdoba. Bien podría ser la parábola de la tozudez, del desquicio de un faraón. Pero resulta extraordinario cómo 50 palabras pueden resumir la esencia de la decadencia política que ha signado a los gobiernos que hemos padecido los últimos 27 años. Autoritarismo, unilateralidad, desprecio por el patrimonio cultural, por la historia, imprevisión, pragmatismo enfermizo… y todo eso, como si fuera poco, teñido de la corrupción más voraz en perjuicio de los intereses de Córdoba y de toda su gente.No pretendo que enero y este 2011 me sorprendan reflexionando acerca de la conservación del patrimonio arquitectónico. Sí desearía que enero nos permita detener la marcha febril, levantar la mirada y pensar con detenimiento episodios como estos, que significan muchísimo más de lo que expresan.Levantar la mirada y observar que tras el proyecto de la nueva sede para el Gobierno se mueven cientos de millones de pesos no transparentados que fatalmente irán a parar a consultoras, estudios profesionales, bolsillos personales, pero no al beneficio de la sociedad. Que si una manzana en Nueva Córdoba vale 35 millones de dólares, alguien debe explicar al detalle cada paso y peso de este operativo tan sospechosamente vertiginoso. Un iceberg. Levantar la mirada y pensar que el "caso Falo" no es una picardía de un pavo irresponsable que se patinó el dinero para fondear cientos de cheques con los que empapeló la provincia. Eso es ya estafa, pero sobre todo es la punta del iceberg del obsceno y oscuro origen del financiamiento de la actividad política del PJ (nada diferente al estilo UCR) sellado en pactos nacionales, con promesas incumplidas, manos que se soltaron, dinero que no llegó y muertes que sorprendieron. Levantar la vista con serenidad y observar el escenario cordobés ante las elecciones e intentar raspar la primera capa de los acontecimientos. Ver que el aluvión de sainetes despreciables protagonizados por, otra vez Falo, un magnate de la corrupción como Ricardo Jaime, un siniestro José Manuel de la Sota, un histérico Eduardo Accastello, un mediocre Juan Schiaretti, un inútil Daniel Giacomino, un increíble Eduardo Angeloz, un terrible Rubén Martí, no son sólo roscas de baja estofa tras el poder provincial.Todos y cada uno de sus actos expresan con profunda claridad el desgaste y la impotencia política de los dos partidos tradicionales que los cobijan. Todo expresa el clamor de la historia por echarlos a patadas de sus páginas. Que ya hicieron por la patria, que ya han tenido su cuarto de hora, que ya fue. Lo de ellos se acabó. Terminó. El bipartidismo se desvanece y el destino se abre curioso ante nuevas formas que ni imaginamos. Las misiones históricas de uno y otro partido parecen haberse extinguido y, si bien suena temerario, merece no obstante ser considerada. Los viejos caudillos, Sabattini, Alem, Perón o Evita, sentirían vergüenza de sus herederos de hoy. Los argentinos andan buscando las viejas banderas universales levantadas con visiones más pluralistas, generosas, dinámicas y con mucha más convicción, coherencia y coraje. Quizá esta imaginaria migración de la mirada social nos explica. Quizá nuestro Frente Cívico se animó decididamente aquí, en esta provincia al menos, a leer esta búsqueda inquietante. Hemos abrazado esas banderas. Somos cordobeses, confiamos en que la honestidad, mucho mas allá que una virtud, puede ser una herramienta política de transformación muy eficaz. Queremos combatir la lamentable resignación del "roban pero hacen", tan enraizado. Se hace mucho más sin robar. El peor impuesto a la salud, la educación y la producción es la corrupción. Hay más y mejores escuelas, rutas y salarios si no se roba.Enero nos debe posibilitar pensar la manera inteligente para que esta extraordinaria provincia no pierda un solo grano de beneficio de la bonanza en que navega Argentina. Más allá de que puedan exagerarse algunos guarismos, el país está mejor que años pasados y Córdoba no puede mirar la primavera desde un encierro. Sus empresas, sus pymes, sus bancos, sus productores y sus trabajadores deben acceder sin ningún "pero" a los favores de los buenos vientos que soplan. Trabajar sobre esas asimetrías y obstáculos será nuestro desvelo. Es absurdo hablar de buenos vientos y prosperidad cuando los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Eso es tan real como la bonanza, sólo que la bonanza debería aludir a la totalidad de una nación, no a algunos de sus sectores.
*Senador nacional por Córdoba (Frente Cívico).

