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Los atletas en un mundo de medallas

El deporte no es sólo lo físico, sino también el espíritu que hace posible la superación.

07 de agosto de 2016 a las 12:01 a. m.
Los atletas en un mundo de medallas

No hay en el presente del mundo, ni lo hubo en la historia, una reunión tan amplia y concreta como la olímpica: cerca de aquí, en Río de Janeiro, y por primera vez en nuestra región sudamericana, mujeres y hombres de más de 200 países comparten un escenario y un instante común. Es un dato de la humanidad en su tránsito por los siglos 20 y 21: la tecnología, la comunicación, el transporte hacen que físicamente sea posible semejante encuentro en una sola ciudad del planeta. Pero lo decisivo para que suceda, para que tanta gente proveniente de distintas realidades sociales, geográficas, raciales y políticas comparta un empeño similar y un mismo destino fugaz es que el argumento es el deporte y su capacidad de sublimar los conflictos, de ponerlos en otra dimensión. Hay, claro, en los Juegos Olímpicos, un sentido que tiene que ver con la evolución humana y los pequeños registros que deja cada episodio: cada nuevo récord es un hito de la capacidad de correr más rápido, de saltar más alto o más largo, y cosas por el estilo. Pero cada deportista va por su gloria personal y también, de algún modo, por destacar las capacidades de la sociedad a la que pertenece, es decir, su país. Y eso no tienen efecto en los ojos de los demás, sino sobre todo en los propios (los argentinos estuvimos medio siglo sin ganar medallas). El espíritu de la versión moderna de los Juegos se describió con la frase “Lo importante es competir”, asumiendo “competir” como sinónimo de “compartir”. Pero por lo visto en tantas ediciones, el móvil de las sociedades más poderosas podría traducirse: “Ustedes vayan a competir, que nosotros vamos por los triunfos”; como sucede en tantos otros órdenes. La tensión por ganar llegó al paroxismo en los años de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban la supremacía del mundo también en medallas. En la alta competencia, los atletas se sumergen en una obsesión de rigores inimaginables para los demás. Pero el deporte no es sólo lo físico, sino también el espíritu que hace posible la superación, la garra que doblega al cansancio, al rival y a todas las adversidades. Por eso, la “gloria” de los deportistas suele no ser discutible: un gran campeón no alcanza esa condición sólo porque tiene detrás a un equipo de inventores de éxitos o por alguna cualidad aleatoria, sino que debe demostrarlo en la cancha, nada menos.