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Lo impensado

A principios de la década de 1970, desde la Municipalidad de la ciudad de Córdoba, haciendo gala de lo impensado y con el objetivo de resolver algunas cuestiones de tránsito, se implementó en dirección al centro la mano única en el tramo de las avenidas Caraffa-Castro Barros. Arquímedes Federico.

22 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Arquímedes Federico (Arquitecto)
Lo impensado

A principios de la década de 1970, desde la Municipalidad de la ciudad de Córdoba, haciendo gala de lo impensado y con el objetivo de resolver algunas cuestiones de tránsito, se implementó en dirección al centro la mano única en el tramo de las avenidas Caraffa-Castro Barros. Por supuesto, la idea duró un suspiro: la queja de los comerciantes ubicados sobre Castro Barros, sumada al dificultoso retorno por las calles Martín García-Italia, fueron motivo suficiente para desistir de lo impensado.Cuarenta años después y desde el mismo lugar, pensaron que tomando algunas medidas in situ se podían resolver conflictos de tránsito en simultáneo con el proceso licitatorio del (otra vez) nuevo servicio de transporte público de pasajeros de la ciudad de Córdoba.Pero lo que no pensaron este y antecesores gobiernos municipales es que en la medida que no se piense definitivamente en la ciudad que los cordobeses queremos y necesitamos, todo lo que se haga en temas como el transporte, irremediablemente conduce al fracaso.No se puede pensar en un sistema de movimientos sin saber para qué necesitamos movernos.Y es en esta concepción que las cuestiones de movimientos en la ciudad pasan a constituirse en un sistema que complementa, retroalimenta y vigoriza el desarrollo urbano.Cualquier otra alternativa suena a improvisación, desconocimiento y, las más de las veces, a asuntos poco claros. Prioridades. Pero mientras no asomen esos pensamientos y los conflictos sigan agudizándose, no estaría mal que los funcionarios que conducen el municipio, y/o los responsables de las áreas de competencia, privilegiando el sentido común y en el mientras tanto, traten de minimizar la histeria que acumulan los ciudadanos que a diario la recorren a pie, en bicicleta o en los variados vehículos motorizados que el avance de la tecnología nos provee. Además, todos, absolutamente (¿todos?), somos conscientes de que en una ciudad de más de un millón de habitantes, la prioridad en relación con los movimientos la tienen, sin importar el orden: el peatón, la bicicleta y los distintos medios de transporte masivos que la sirven.Las razones son hoy verdad de Perogrullo; por ello, no me detengo en ellas.Pero estas razones no son las que predominan en el pensamiento del responsable institucional. Es por eso que me atrevo a poner sobre la mesa algunas medidas transitorias, de aporte cívico que, espero, sirvan para generar la controversia del debate, interno o externo, y alumbren otras, inclusive, con lo cual los cordobeses podríamos cambiar gestos adustos y enojosos por una sonrisa.Vale tener en cuenta que la mayor fricción espacial de los movimientos en la ciudad no sólo nos altera sino que estamos engordando en forma exponencial los costos que la referida situación provoca en los ciudadanos.También que los cambios en la ciudad no surten efecto de un día para el otro. Requieren de tiempo, perseverancia, correcciones y, fundamentalmente, educación.Educación que lo primero que debe inculcar es el bien común sobre el individualismo, la impunidad y los privilegios.Siendo así, sugiero algunas medidas que se podrían ir implementando: Iniciar un proceso gradual para erradicar los edificios de cocheras ubicados en las áreas más conflictivas. De esta forma, se aumentaría la demanda y calidad del servicio público y disminuirían las fricciones. Retirar los contenedores que anulan una vía para la circulación vehicular y destinar ese carril para uso exclusivo de las bicicletas. Combatir fuertemente el estacionamiento de vehículos en avenidas y calles por las que circula el servicio público. Racionalizar el hoy caótico sistema de abastecimiento a las áreas comerciales. Respecto de las frecuencias del servicio público, es más importante saber cuándo pasa que cada cuánto pasa.