Lo bueno del golpe
Una dictadura es nada menos que el intento del control de lo total. Por eso un buen sinónimo de “dictadura” es “totalitarismo”.
Hay que empecinarse, y, a pesar de todo, darle cabida a ese viejo refrán que susurra que "no hay mal que por bien no venga". Y si de aprender de lo angustioso se trata, algo de experiencia tenemos quienes portamos lo judío desde hace apenas casi cuatro milenios. No por deseo ni por masoquismo, obviamente; la idea es esperar que cuando lo calamitoso se acaba, que al menos no se acaben de paso sus certeras lecciones. Y en este nuevo aniversario del trágico 24 de marzo de 1976 es imperioso que –como argentinos– algunas enseñanzas de sus devastadoras esquirlas puedan iluminarnos en lo cotidiano, y con vuestro permiso de fieles lectores me permito sugerir un par de ellas.En primer lugar, pediría que no nos olvidemos de qué se trata una dictadura: se trata nada menos que del intento del control de lo total. Por eso un buen sinónimo de "dictadura" es "totalitarismo", ya que, más allá de su signo político o ideológico (y, por qué no, a veces también religioso), todo totalitarismo inevitablemente pretende –más temprano o más tarde pero siempre por medio de la fuerza– hacerse del todo.Poco curioso debiera ser entonces recordar que las democracias se definen, amén de la elección de las autoridades a través de las mayorías populares, también por la existencia de distintos partidos políticos que deben competir y convivir en el seno de la sociedad. El nombre es fantástico de por sí: "partidos", pues ya se reconoce de entrada nomás que cada "partido" tiene exactamente eso: una "parte". De aquí que los regímenes de partido único que a veces son denominados "democráticos" escondan una contradicción intrínseca que desnuda la real ausencia de la democracia en su forma de gobierno.Hay que insistir acerca del supremo valor de lo parcial. Para que quede más claro: lo parcial como virtuoso es la garantía mayor del abandono de la totalidad, y, por ende, de su violenta ponzoña. Una plegaria hebrea de mis favoritas lo dice blanco sobre negro: " Ten jelkeinu betorateja ", cuya traducción literal reza: "Danos nuestra porción en tu Torá". Este pedido a Dios de que tengamos nuestra porción –no más ni menos– es clave. Y más allá de que se refiera a la Torá en sentido estricto como los cinco primeros libros de la Biblia (el Pentateuco), o en sentido amplio como el corpus completo de la sabiduría, lo maravilloso que sustenta este anhelo es el reconocimiento implícito de que siempre se trata de una parte, y nunca del todo. Porque lo que es total, en todo caso, sólo está reservado para lo divino. Distinto será descubrir en lo parcial huellas de lo total, pero para disfrutar de ese hallazgo se requiere la valentía de percibirse fragmento. Algo que pareciera que por estos días ni en Europa se consigue… Una lección más –de las múltiples posibles– me parece que se halla en el absoluto desdén por la construcción social de las leyes que también caracteriza a los regímenes totalitarios, mucho más acostumbrados a sus famosos "comunicados" o "decretos" como los que empezaron a invadir día tras día nuestros hogares bajo el son de un clarín militar desde aquel fatídico 24 de marzo. Nada de parlamento, nada de discusión, nada de representación, nada de república. Todo lo arregla una "junta"…Ese desapego consciente de la ley y del respeto a la ley como articulador de la vida en comunidad es otro ingrediente esencial a la hora de producir golpes.Revisemos juntos si aún tenemos algunos hematomas, y promovamos todo aquello que nos aleje de los porrazos. Obviamente, cada uno desde su lugar, haciendo justamente su parte.
*Rabino, miembro del Comipaz

