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La linterna de Herodoto

Cuando Occidente comenzó a caminar, aparecieron los que, con una linterna en la espalda, pretendían señalarle hacia dónde iba. Ángel Stival.

31 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista; [email protected])
La linterna de Herodoto

Cuando Occidente comenzó a caminar, aparecieron los que, con una linterna en la espalda, pretendían señalarle hacia dónde iba. Aunque no es eterno –las comunidades primitivas se negaban a reconocer el paso del tiempo, al que concebían transcurriendo en círculos, volviendo siempre al punto de partida–, mirar hacia el pasado para explicar cómo fue que llegamos a ser esto que somos, con pretensiones además de pronosticar adónde iremos a parar si persistimos en la misma línea, tiene sus años.Si Heráclito (535-484 a. de C.) ya había alertado sobre el paso del tiempo (y el movimiento) con su famoso aforismo "en el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos", traducido para hacerlo más comprensible como "nadie se baña dos veces en el mismo río", es sin embargo a Herodoto (490-425 a. de C.) a quien se considera el padre de la Historia. "Herodoto de Halicarnaso presenta aquí las resultas de su investigación para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones de los hombres y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido", dice el primer párrafo de su obra, organizada tradicionalmente como Los nueve libros de historia .Es notable percibir en sus investigaciones una curiosidad científica que intenta explicar los hechos por causas racionales, algo que hoy podría considerarse una ingenuidad, pero que muchos amigos de las "explicaciones esotéricas" deberían considerar.Por ejemplo, para los turistas que contemplan la pirámide de Keops y aún hoy atribuyen su construcción a extraterrestres, vayan algunos párrafos de Herodoto: "Trabajaban permanentemente en turnos de 100 mil hombres, a razón de tres meses cada turno. Asimismo, el pueblo estuvo por espacio de 10 años penosamente empeñado en la construcción de la calzada por la que arrastraban los bloques de piedra... en la construcción de la pirámide propiamente dicha, se emplearon 20 años". En medio de una sofisticación metodológica que ya no le permite ignorar sus límites, ni las dificultades que impone el intento de abordar la compleja maraña de la condición humana, sus realidades simbólicas y su evolución, convendría de vez en cuando volver al maestro, aprender de su candor, redoblar el propósito moralizante y ejemplificador de la historia. Lo impone el andar vacilante del hombre global que, en su soberbia, se aturde para no pensar pero, cuando lo hace, halla más tinieblas que claridad. Necesitaría, quizá, la linterna del viejo Herodoto.