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Las metas de la inflación para bajar las expectativas

Los sindicatos tienen la reivindicación profesional irrenunciable de recuperar, en cada rama de actividad, la integralidad de lo perdido en 2016.

14 de octubre de 2016 a las 12:01 a. m.
Lucio Garzón Maceda*
Las metas de la inflación para bajar las expectativas

En la actual economía liberal de mercado, las diferencias registradas entre neoliberales desarrollistas y ortodoxos liberales desaparecen cuando tratan de elaborar las metas de la inflación futura intentando reducir expectativas inflacionarias. Sin embargo, el nivel poco creíble del 17 por ciento anunciado habría sido prontamente corregido. En bambalinas de Economía, se estimaba una meta más realista del 23 por ciento. En las reuniones sectoriales tripartitas (¿o cuatripartitas con provincias?), Gobierno y empresas ensayan la tarea de convencer a sindicatos de que acepten esos valores como límites para futuras negociaciones. ¡Si las hubiere!Hace algunos años, dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA), aún activos, con iguales objetivos de atenuar expectativas, propiciaron sin éxito, en dos oportunidades ante la expresidenta Cristina Fernández, ensayar la experiencia española de un acuerdo intersectorial nacional.Hoy, con igual o mayor dosis de ingenuidad, se intentaría "atenuar" los futuros aumentos de salarios al ritmo de las metas oficiales.Alguien recordó a funcionarios algunas de sus viejas lecturas que aluden a que los salarios decentes con frecuencia incitan a la innovación y promueven inversiones empresariales para evitar quedar "fuera del mercado".Nuestro modelo dominante de convenios de actividad, con buenos salarios, son instrumentos para modernizar empresas y no morir en las vísperas, versión autóctona de la legendaria "destrucción creativa" de Joseph Schumpeter.Por ello sería errónea la pretensión de ajustar salarios que reducirían inversiones, envejeciendo al capital acumulado y que hasta dificultarían la productividad sectorial, que preocupa al presidente Mauricio Macri.No es casual que los campeones de las reformas neoliberales de las décadas de 1980 y 1990 (Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia, Inglaterra) muestren hoy tasas muy bajas de productividad laboral con aumento de trabajadores pobres, en empleos de muy baja calidad.Los sindicatos tienen, además, la reivindicación profesional irrenunciable de recuperar, en cada rama de actividad, la integralidad de lo perdido en 2016.Sin duda, la suma de los puntos sin cubrir más los aumentos por la inflación real prevista para 2017 los alejarían de las metas inflacionarias oficiales. Suponer que el desmadre inflacionario sea afrontado por el trabajador sería "una pérdida a la hora de discutir las paritarias", como bien lo señaló un dirigente de la CGT. Claro que, entretanto, hay que vigilar que el Gobierno no se convenza de la conveniencia de afrontar la anunciada huelga, por resultarle ello más económico que pagar los discutidos bonos anunciados. ¿Los funcionarios entenderán que el mayor desempleo existente exige a los sindicatos preservar no sólo el trabajo decente, sino también el poder de negociación?No hacerlo sería para el Gobierno, como decía Charles de Talleyrand, "peor que un crimen porque sería un error",  y que el acuerdo social trucho se convertiría en pacto fáustico, cuyo precio será perder el alma del modelo. Deberán recordar, también, la regla básica de apretar y negociar, y que los sindicatos no se suicidan.Los próximos índices de inflación de octubre, noviembre y diciembre, en descenso (junto con la baja del consumo), serán el señuelo que presentarán los funcionarios a los sindicatos y a la sociedad.La idea es mostrar a los duros de la CGT como los malos de la película por alimentar expectativas inflacionarias. Se intentaría, con ello, presionarlos para que acepten reducidos aumentos salariales, conforme a las metas de baja inflación.En las diferentes mesas sectoriales de diálogo social, después del encuentro entre el papa Francisco y Macri en Roma este sábado, es probable que en noviembre la CGT sea invitada a analizar posibilidades para su integración en una mesa nacional intersectorial –a la española– que podría aconsejar una única pauta de aumento salarial para todas las actividades. Para esa eventualidad, es improbable que algún dirigente acepte un aumento porcentual para 2017 conforme a las pautas del 23 por cientoSon celadas equívocas e infantiles. Los sindicatos apretarán y golpearán unitariamente, con inteligencia, ubicuidad y firmeza, sin nervios y sin errores. Si el Gobierno no lo advierte a tiempo, podrá quedar, como el rey de la fábula, desnudo.* Abogado laboralista