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¿Las malas noticias venden más?

Me animo a postular que la nueva era de la comunicación a través de las redes sociales ha comenzado a perforar ese brutal paradigma. Y a las pruebas me atengo.

27 de diciembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Marcelo Polakoff*
¿Las malas noticias venden más?

Entre aquellas cosas que me sorprendieron de mis épocas de estudiante de sociología, recuerdo la voz suave de un profesor de estadística que nos explicaba –con algunas investigaciones ­bajo el brazo– que una persona promedio suele contarles una buena noticia a cinco o seis amigos, pero que si se trata de una mala, ese número se duplica de forma automática. Tal vez por ello los titulares del tipo "catástrofe" son tan apreciados por los editores, en general de publicaciones de poca calidad periodística, pues a primera vista parece que esos altos decibeles de desastres aumentan las ventas o, al menos, la atención del público.Puede ser. Sin embargo, me animo a postular que la nueva era de la comunicación a través de las redes sociales ha comenzado a perforar ese brutal paradigma. Y a las pruebas me atengo.Hace unos pocos días, y dado la simultaneidad de las celebraciones por la Navidad y Janucá, junto a monseñor Pedro Torres volvimos a incurrir en la simpática inconducta que nos permitió el año pasado, para esta misma época, grabar un video en formato de canción que combinaba música y tradiciones judías y cristianas.Aquel video se propagó como pólvora por diversos sitios web, y los comentarios que recibimos fueron tantos y tan positivos que decidimos repetir la picardía. Pero este año le adosamos un condimento nuevo: el inglés. Es decir que escribimos una nueva letra de aquel primer video, para grabarla en idioma anglosajón.Hace unos días, la lanzamos a la red, y tan sólo en una única pagina de Facebook (la del Congreso Judío Mundial) tuvo tres millones de visitas. El número es tan exagerado que no parece real, pero increíblemente lo es. Y frente a otros tantos videos, algunos con noticias para nada felices, la alegría compartida por dos fiestas que promueven –cada una a su modo– la multiplicación de aquello que apunta a lo luminoso triplicó en visitas y comentarios al video más compartido durante varios años en esa página.No es, por supuesto, una conclusión académica, pero me da la sensación de que frente al cúmulo de tragedias que suelen repetirse hasta el hartazgo, una señal pequeña de cambio, enmarcada en un bebé o en algunas velas, puede marcar nuevos horizontes y corregir incluso a mi antiguo profesor de estadística. ¡Felices Fiestas!* Rabino, miembro de Comipaz