Las fechas patrias y los hijos de la guerra
Las fechas patrias, estampadas en rojo, son la parte más feliz del almanaque.
L as fechas patrias, estampadas en rojo, son la parte más feliz del almanaque. Las aprendimos a saborear con los lápices de colores en la mano, y en la abolición de la rutina y de entusiasmo creativo que se generaba alrededor de los actos escolares. Después, la plenitud seguía en casa: se montaba sobre las mesas la calidez: los platos humeaban entre palabras relajadas, mientras afuera la brisa barría las hojas amarillas de las calles quietas: es el invierno el que abriga la memoria de nuestras hazañas, de nuestros próceres. Era tan sencillo en esos días sentir que ser argentino era casi como la misma maravilla de estar vivo. Es que en las fechas patrias nos regocijamos de nuestra existencia, y son los héroes del tiempo fundacional los que nos pusieron en la historia. Cuando llegaron las oleadas de inmigrantes, la escuela obligatoria y pública sería el gran instrumento que hizo posible sostener una cohesión. Claro que la historia se invistió de mitología para alcanzar su cometido aglutinador, aunque las versiones estuvieron siempre teñidas del punto de vista del relator. “... Del desprecio que yo pueda tener de la historia porque conozco de las pasiones, el espíritu de partido, la adulación y el sórdido interés son en general los agentes que mueven a los escritores”, decía José de San Martín en una carta a Tomás Guido Este fin de semana ha quedado flanqueado por dos feriados, el Día de la Bandera, que recuerda a Manuel Belgrano y que sobrevendrá mañana, y el del viernes pasado, que debutó en el almanaque, dedicado a Martín Miguel de Güemes, el guerrero salteño que con su lucha le dio un norte concreto al país. Es el único general argentino caído en guerra externa. La fecha de su muerte ya había sido subrayada en 1999, cuando el Congreso la declaró Día Nacional de la Libertad Latinoamericana. Sí, es otro guerrero consagrado en el olimpo de los feriados, aunque no fueron los únicos héroes fundacionales. Pasa que casi todos los pueblos que son naciones o sólo alcanzaron la estatura de países somos hijos de la guerra. Ha sido el modo de ganarnos nuestro lugar en el mundo, en el presente. Bien lo sabemos desde Estados Unidos hasta la Argentina: dar batalla contra los imperios fue nuestro modo de amanecer. Luego, claro, para nuestra ventura o desventura, somos sobre todo hijos de la política. Es lo que realmente ha definido y define nuestros destinos.

