La UNC y Venezuela
Parece ser que para el rector y la vicerrectora los muertos tienen valor de acuerdo con el color político o la ideología que profesen.
Hace unos días y en virtud de las movilizaciones y expresiones sociales suscitadas en Venezuela, el Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), sin ser autorizado por el Consejo Superior de esa casa de estudios, emitió una declaración encabezada por el rector Francisco Tamarit, en el que se pronunció en contra de las manifestaciones opositoras. "Es un claro intento desestabilizador contra el gobierno constitucional del actual presidente, Nicolás Maduro", reza en una de sus partes el texto.En primer término, desde lo formal, es totalmente cuestionable el obrar por parte del Rectorado de arrogarse la representación de la UNC en una declaración en la que se privilegia un posicionamiento político e ideológico por sobre la responsabilidad institucional que debe tener su conducción ejecutiva. En el mismo sentido, como en un sinnúmero de declaraciones, el procedimiento es claro y es el Consejo Superior el que autoriza al rector o declara en representación de la UNC.Más allá de los procedimientos no respetados y de la falta de debate propiciada por el rector y la vicerrectora, la declaración demuestra una vez más la pretensión de relatar la realidad a medida de ideas y posiciones partidarias. El tema Venezuela es muy complejo. La evolución de un gobierno y la transición de un régimen autoritario –hoy encabezado por un presidente que habla con un pajarito diciendo que habla con Chávez–, las restricciones de todo tipo que rigen en ese país y las sospechas de corrupción, que incluso involucran al Gobierno argentino, hacen que por lo menos no sea una cuestión fácil de abordar y que sea muy difícil emitir declaraciones consensuadas y oportunas. Sin embargo, lo más grave de esta declaración de la conducción ejecutiva de la UNC es que pone por encima de principios básicos –como son el derecho a la vida o a la integridad física de las personas– posiciones políticas, diríamos, a imagen y semejanza de un partido o de una facción de un partido político. Entra así en un terreno de franca contradicción con todos los discursos en defensa de los derechos humanos.Parece ser, según esta posición, que para el rector y la vicerrectora los muertos tienen valor de acuerdo con el color político o la ideología que profesen, y que son patrimonio de un sector que cree que los muertos dignos de ser considerados víctimas sólo son sus compañeros.Incluso, si son compañeros, también existen de diferentes jerarquías: el desaparecido soldado Alberto Ledo no tiene los mismos derechos que los demás desaparecidos de la última dictadura militar en Argentina.Algo similar sucede respecto de las muertes en Venezuela. El rector parece considerar que las únicas víctimas son los chavistas; los demás son golpistas. Y lo más grave, de acuerdo con la perspectiva rectoral, no son los muertos sino un intento de golpe que no pueden demostrar ni los golpeados, debido a la cantidad de inconsistencias que no provienen sólo del presidente Maduro sino de una situación social de tensión y complejidad severa.La UNC debe debatir estos temas y tratar de arribar a conclusiones que sumen masa crítica o vislumbren soluciones. Lejos estoy de proponer que no se debata. Pero, además de estar en desacuerdo con la oportunidad del comunicado del rector y con su contenido, creo que en el orden de prioridades están la vida y la paz por sobre cualquier posición política o mandato de la presidenta en ejercicio.
*Consiliario por los egresados en el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba

