La última foto, ¿la foto final?
Las encuestas más recientes revelan que no hay una fuga masiva de apoyos de uno a otro partido, pese a la intensificación de la propaganda y a las polémicas que calentaron estos días finales de campaña.
La foto es parecida. La ubicación de los personajes es casi la misma. Porque los números que les conceden el orden se mantienen, salvo pequeñas diferencias, muy similares a los de hace dos meses y tres semanas.
Las últimas encuestas conocidas hasta ahora revelan que los principales candidatos a diputados nacionales que competirán el próximo domingo 27 consolidan una amplísima mayoría de los votos que recibieron en las primarias abiertas del 11 de agosto.
Es decir, no hay una fuga masiva de apoyos entre uno y otro partido, pese a la intensificación de la propaganda y las polémicas que calentaron estos días finales de campaña.
¿Esto implica que los hechos que marcaron la agenda política en las postrimerías de la actividad proselitista no tienen impacto?
Es temprano para afirmarlo. Las encuestas fueron tomadas algunas jornadas atrás y el estallido de nervios y cruces se produjo recién sobre el final de la semana pasada.
El juego estaba, al menos hasta entonces, muy abierto. Cada uno hablaba de lo que quería:
El delasotismo, contra la discriminación que dice sufrir del poder central.
El radicalismo, contra los malos modos del kirchnerismo, con fuertes roces en los últimos días con el peronismo cordobés.
El kirchnerismo, sumado al juecismo y a otras fuerzas, contra el delasotismo por el caso de narcotráfico.
Ninguno, en consecuencia, había podido sacar la ventaja tempranera que significa instalar en la campaña una idea-fuerza que todos se ven obligados a seguir.
Derribar un problema
En las últimas horas, el propio gobernador José Manuel de la Sota lanzó un contraataque por el tema del narcotráfico con el objetivo de neutralizarlo electoralmente.
“Lo que es terrible, son los carroñeros, los que pretenden utilizar problemas tan graves para una elección”, afirmó en Río Cuarto.
El jueves, en un raid por la mayoría de las radios de Córdoba Capital, el gobernador se jugó a extender un manto de sospecha respecto de quién es responsable de azuzar el problema que, según sus palabras, sólo ocurre en provincias que no son kirchneristas, como Santa Fe o Córdoba.
Al igual que lo hizo el candidato Juan Schiaretti, una punta más de la estrategia de convertir al problema en nacional es instalar la necesidad de una ley de derribo, que permita abatir aviones considerados hostiles o sospechosos de traficar drogas.
Lo que se vio en la presentación de los candidatos organizada por la Universidad Nacional de Córdoba fue más de lo mismo.
Se produjeron imputaciones por el tema entre el radical Oscar Aguad y el juecista Ernesto Martínez, por un lado, y Schiaretti, tratando de nacionalizar la cuestión, por el otro.
Los chispazos fueron tales que detonaron la siempre cordial relación entre De la Sota y el intendente de Córdoba, Ramón Javier Mestre.
Es evidente: la cuestión incomoda por varios lados tanto como el estrépito de los videos del camporista Juan Cabandié al kirchnerismo en la ciudad de Buenos Aires.
Números de oro
Con una dosis de optimismo a chequear contra la realidad, dirigentes peronistas consideran que los 23 puntos propios de Schiaretti en las Paso son asimilables a la base histórica del peronismo.
Deducen: es un voto duro, al que el discurso de De la Sota, al meterse de lleno en la campaña, termina consolidando.
Sin embargo, por fuera hay otros elementos: ¿cuántos retiene Martín Llaryora de los siete puntos que obtuvo en las Paso?
Esa sí es una incertidumbre, porque se entiende que el intendente de San Francisco logró captar una franja de electores con cierto perfume peronista, pero poco proclives a alinearse con un justicialismo más tradicional.
Para peronistas y radicales, el gran campo de batalla está instalado en la ciudad de Córdoba.
Justamente, Llaryora se hizo con 43 mil votos que, en la sumatoria total, le permitió al peronismo quedarse con la Capital ante el radicalismo, aun cuando mano a mano Aguad tuvo un mejor resultado que Schiaretti.
A la vez, se duda de que exista alguna chance de que el delasotismo pueda restarle votos peronistas más populares a Olga Riutort.
También parecen consolidados los sectores conservadores, que alguna vez adscribieron a la figura de De la Sota, y que ahora se inclinaron por Héctor Baldassi con el macrismo, en su primera incursión fuerte en Córdoba.
Ni qué hablar, desde luego, de intentar cambiar apoyos kirchneristas, que recibe Carolina Scotto, o juecistas, de Ernesto Martínez: esos se instalaron ahí desde el primer minuto porque, justamente, De la Sota está en la vereda de enfrente.
Entre sumas y restas, operadores del peronismo en campaña acuerdan con las encuestas que les dan una ventaja de entre ocho y nueve por ciento, la de Management & Fit y la del Frente para la Victoria.
La diferencia se reduce a menos de tres puntos si se considera el sondeo que mandó a realizar el radicalismo, lo cual llevó a Oscar Aguad a vaticinar una elección pareja.
En las dos primeras, Scotto aparece tercera, en tanto en la de la UCR queda cuarta respecto de Baldassi, aunque en cualquier caso, son dos puntos o menos en favor de uno u otro.
A todo o nada
Como fuere, De la Sota se mete en campaña a pleno porque sabe que el único ganador o el único derrotado, al final, va a ser él.
La proyección nacional que pretende está, desde luego, atada a estos comicios. Por lo pronto, el discurso por el Día de la Lealtad contuvo un llamado a la unidad de todo el peronismo.
Salir disparado a enfrentar el problema es también un intento de acallar las críticas por la fatiga de materiales que sufre una fuerza que lleva más de una década en el poder.
El estrépito ya fue. ¿Emergerán más novedades desde Tribunales Federales?
El lunes 28 se sabrá si, en todo este contexto de campaña y con tantas polémicas enardecidas, los votantes decidieron aplicar algún correctivo y quién los sufrió.
Además, volverán a la superficie otros problemas, muchos graves, que deberán enfrentar la provincia y el país, y que la campaña metió bajo la alfombra.

