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La soledad nocturna y el amor

La noche cuenta con la presencia inmutable de las estrellas, testigos del fuego apasionado de los enamorados. El corazón será el centro y sabrá tomar de las luces y de las sombras lo que necesite para nutrir su vida con algún afecto. En definitiva, la soledad es falta de amor.

05 de septiembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat*
La soledad nocturna y el amor

Como el hombre jamás tiene resuelta la totalidad de sus problemas, opta a veces por repensarlos en largas noches de insomnio. Sin embargo, la oscuridad se asocia desde antaño con lo negativo. Asimismo, en la noche, el espíritu agobiado se atreve a soñar. A veces se encuentra y se reconoce a sí mismo. Otras veces, al encontrarse desprotegido, no se asume y cambia la tónica (realidad) con recuerdos más dulces que le devuelven la tranquilidad. La noche cuenta con la presencia inmutable de las estrellas, testigos del fuego apasionado de los enamorados. El corazón será el centro y sabrá tomar de las luces y de las sombras lo que necesite para nutrir su vida con algún afecto. En definitiva, la soledad es falta de amor.La escritora francesa George Sand aclara que en la juventud uno se imagina que la soledad es el gran refugio contra los riesgos y las heridas: "Siempre había soñado vivir en el desierto. Pero creedme, hermanos míos, tenemos el corazón demasiado amante para pasarnos los unos sin los otros, y lo mejor que podemos hacer es soportarnos mutuamente".Para el niño de otras épocas, en la noche acechaban los demonios, chillaban las brujas, y los animales y los duendes se escondían en los rincones. Pero cuando el más pequeño sufre el abandono, o cuando siente un miedo de improviso, posee un magnífico mecanismo que la naturaleza le ha puesto para que cambie la realidad. Así, se lo castiga cuando berrea por miedo a la oscuridad y, si nadie le lleva el apunte, luego de improviso se duerme y todo parece normal. Ese mecanismo de defensa se suprime casi por completo en la adolescencia.El genio de Nietzsche tiene hoy imitadores de segunda y las editoriales prefieren el bestseller que anuncie que el mundo se va a suicidar. Sin embargo, antes que tales epígonos, hace falta otro Nietzsche que muestre cómo salir de la deprimente rutina o de la soledad. ¿Dónde se encuentra ese superhombre?Está en todo el mundo: en cualquier barrio donde los humildes comparten lo poco que tienen formando un comedor para otros aun más pobres. En el amor del que dedica su tiempo a quienes padecen de soledad. En la solidaridad del que enseña al humilde. En ese ser divino que decidió poner parte de su vida al servicio de un niño con síndrome de Down o de un bipolar. * Periodista