La risa que corrige
Reflexiones del periodista Arnaldo Pérez Wat.
Por temor a la risa, se ocultan las excentricidades y se disimulan los vicios. Un chiste oportuno basta a veces para desvanecer toda la celebridad de un hombre. Gran Bretaña, durante la Segunda Guerra Mundial, tenía un departamento de "guerra psicológica" que inventaba chistes contra Adolf Hitler y los soldados alemanes.William Davis dice que Gamal Abdel Nasser, en El Cairo, había contratado a un individuo cuyo trabajo consistía en informarle los últimos chistes sobre su gobierno, porque, al saber de qué se reía la gente, podía conocer sus puntos vulnerables.Asimismo, cuando se desea poner una coraza sobre el "qué dirán" o sobre el miedo al ridículo, el remedio es primero reírse de uno mismo. Si uno se toma el pelo, ya no podrán doblegarlo los demás. Pero, ¿de qué reímos? Henri Bergson, en su ensayo filosófico La risa , explica que hay en el fondo de lo cómico un automatismo y una rigidez mecánica. Obvio, Charles Chaplin o Danny Kaye se mueven con rigidez y nos divierten. Por ello, cuando una persona imita la voz o los ademanes, gestos o manera de caminar de alguna personalidad política, el observador irrumpe en carcajadas; pues en forma automática se han introducido en su persona y le han robado parte de su manera de ser. Dicho automatismo puede también introducirse en la naturaleza u otro ámbito que no es resorte del humano y surge la comicidad. Ejemplo: un individuo pregunta al observatorio si podrían repetir el eclipse porque se lo perdió. O, mejor aún, aquel sujeto que se queja a dicho observatorio porque el fenómeno estuvo medio flojo; añadiendo que él estuvo en eclipses mejor organizados. Volvamos a lo social. Desde mucho antes de la revista Caras y Caretas , siempre se tuvo en jaque al poder político. Sin embargo, ni Don Fulgencio ni Ramona, de Lino Palacios, se metieron con las altas autoridades constituidas, porque no hacía falta corregir mucho.Ramona, respecto del problema de la vivienda, razonaba a su manera: "¡Qué barbaridad! –exclamó su patrón leyendo el diario– Según este informe, en Buenos Aires hay 100 mil familias sin techo". "¿Y cómo la Municipalidad les aprobó los planos?" –objetó ella.En otra ocasión, respecto de la inseguridad, siempre periódico en mano, dijo el jefe: "¡Qué barbaridad, en Buenos Aires cada siete horas hieren a un hombre de bala!". Ramona acotó: "Pobre hombre, al final van a terminar por matarlo".* Periodista

