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La reiteración del divorcio

Suele repetirse que el matrimonio es una lotería. Su belleza y su pureza descansan en otro término: confianza. Arnaldo Pérez Wat.

10 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
La reiteración del divorcio

Una causa, ya casi perimida, de las separaciones matrimoniales, radicaba en el hecho de quién lleva los pantalones. Es mucho más vieja que el pantalón. En la actualidad, el intríngulis se suaviza porque muchos maridos creen que su mujer cree que él es el jefe. Cuando se da cuenta de que no es así, tiene el problema de que ella no se dé cuenta de que él ya se dio cuenta.

La experiencia enseña que cuando un individuo afirma que manda en su casa, no es de confiar: seguro que miente sobre otras cosas también. Así, el matrimonio debe ser la única empresa en la que hay más mujeres jefes que hombres jefes.

Hemos hallado que deben confluir tres elementos sin los cuales no hay divorcio: un hombre, una mujer y una licencia de matrimonio. También hemos descubierto que -aparte de lo delictivo, adulterio, violencia, robos-, las causas de la disolución pueden obedecer a compatibilidad e incompatibilidad de caracteres. En el primer caso, el juez indaga a la señora por qué se casó con ese hombre. Responde: "Porque es cumplidor, muy cortés, nunca me levanta la voz; jamás falta al trabajo ni me trae problemas". "¿Y por qué quiere ahora divorciarse?". "Por las mismas razones", dice.

Ejemplo del segundo: después de un plazo de reconciliación, volvieron a comparecer y el marido dijo a la autoridad judicial: "En las 10 semanas que estuvimos juntos, no pudimos ponernos de acuerdo en ningún punto". "!Doce semanas!", corrigió la esposa.

Y los alimentos

La cuota alimentaria, igualmente, ofrece una dualidad similar: suele darse cuando un matrimonio fracasa; pero también puede hacer que no termine de fracasar. Los norteamericanos le llaman alimony y la definen como el acto de poner gasolina en el auto del otro. Aquí hemos descubierto un método infalible para no pagarla: permanecer siempre soltero.

En Las Vegas, "la ciudad donde el pecado es legal", hay oficinas para casarse y para divorciarse las 24 horas del día, con personas que se ofrecen como testigos. En el Guinness , figura el récord de Glynn de Moss Wolfe (1908), quien se casó 19 veces, tuvo que soportar 16 suegras y las cuotas alimentarias le costaron 300 mil dólares.

Es obvio que el transgresor "roba cámara" porque allí se informó que había una pareja que se divorciaba todos los años en América Central y retornaba a Estados Unidos a casarse de nuevo. Objeto: reducir sus impuestos, porque en algunos estados norteamericanos, el soltero tributa menos que el casado y el Servicio de Recaudación de Impuestos permite firmar la declaración jurada como soltero si no ha estado casado por lo menos un día durante el año por el cual se está abonando el impuesto. Así, con el importe ahorrado, tomaban sus vacaciones en el Caribe. La noticia impactaba como una "viveza yanqui". Los menos veían el riesgo de que uno de los dos, llegado el momento de estampar la firma, pudiera decir: "No juego más".

Suele repetirse que el matrimonio es una lotería. En este caso, más bien es una prueba. Su belleza y su pureza descansan en otro término: confianza. Y con una confianza que se renueva año tras año, no puede hablarse de la rutina que destruye el amor romántico después del encanto de los primeros tiempos. Los corazones que se respetan, y que también muestran que se aman, han creado un vínculo más profundo. En sus vacaciones, ellos vienen a gozar de la felicidad que han tenido; pero igualmente, a recordar las tristezas que han sufrido juntos, dando un ejemplo de indisolubilidad del matrimonio que se mantiene sin imposición legal alguna.