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La presencialidad en las universidades públicas: condiciones estructurales

La pandemia sólo visibilizó los problemas de infraestructura y de accesibilidad de la universidad , porque la educación en Argentina no es, claramente, una prioridad.

22 de octubre de 2021 a las 12:00 a. m.
Silvina Talamoni
La presencialidad en las universidades públicas: condiciones estructurales
La Ciudad Universitaria aún está lejos de la vuelta a la normalidad (Pedro Castillo)

Andrea fue mi mejor amiga en la universidad. Era aplicada, metódica, pero siempre fuerte, alegre y muy charleta. Ella venía del interior, la menor de tres hermanas. Ninguna había tenido la oportunidad de seguir estudios superiores; eso era algo inalcanzable. Cuando su papá falleció, dejó una herencia con la cual la familia acordó que Andrea estudiaría.

El amor por su papá hacía que cada minuto de estudio se lo dedicara a él. Por eso, Andrea no perdía el tiempo, estudiaba mucho, era una alumna destacada, y cada vez que podía se volvía a sus raíces, a su pueblo.

Con Andrea nos turnábamos para conseguir un asiento en la facultad: íbamos media hora antes del inicio de la clase y tirábamos la mochila o la campera sobre las sillas. El aula magna no alcanzaba, los pasillos siempre ocupados, alumnos en el piso o trepados a la ventana. En clases masivas, donde nadie se animaba a preguntar nada, con Andrea levantábamos la mano para hacer alguna consulta.

Andrea estudió cinco años, rendimos juntas la última materia, pero ni siquiera esperó su nota: se volvió con su familia y sus amigos, sabiendo que era su último examen. Así, mi amiga transformó, con su empuje, perseverancia y dedicación, una historia triste y dolorosa en una historia de superación, digna de compartir. Ella honró, con todas las letras, el derecho y la necesidad de velar por el acceso a la educación superior para todos.

La experiencia de Andrea refleja que la vida universitaria es mucho más que los libros que leemos y las horas que estudiamos. A quienes venimos del interior nos enseña a madurar de golpe, a vivir solos, a hacer nuevos amigos, a resolver nuestros problemas, a persistir, a levantarnos con más fuerza que con la que nos caemos frente a cada dificultad que nos toca vivir.

Para Andrea, la universidad fue y es una actividad esencial, más allá de la falta de infraestructura de la universidad pública y más allá de la inexistencia de condiciones pedagógicas adecuadas para el proceso de aprendizaje.

Nada de esto cambió con la pandemia; sólo se visibilizó el problema, porque la educación en Argentina no es, claramente, una prioridad. No se discute que la educación universitaria remota permite el ingreso de más alumnos a la educación superior, pero no se respetó el “contrato académico” con estudiantes y docentes, a quienes les tocó vivir esta realidad en los dos últimos años.

Además, la educación remota presenta algunas limitaciones, sobre todo en el desarrollo de competencias blandas, liderazgo, comunicación, trabajo en equipo; hay ciertas habilidades sociales que no pueden ser entrenadas detrás de una computadora.

Ya sea por razones políticas o sanitarias, será otro el debate. El Gobierno eliminó el distanciamiento en las universidades y autorizó la presencialidad plena. El “deseo” de presencialidad que expresó el rector de la Universidad Nacional de Córdoba pronto puede ser una realidad; dependerá de ciertas voluntades y de mucha gestión.

No nos quedemos atrás en la historia. Córdoba fue y debe seguir siendo la Docta, con la UNC como bandera y como pionera en la vuelta a la “normalidad” de toda la comunidad universitaria.

* Profesora adjunta en la UNC