La postal y el paisaje real
El paisaje sigue siendo como el que mostraron los comicios legislativos de 2013 y la elección presidencial de 2015: claramente contrario a la continuidad de Cristina y el kirchnerismo en el poder.
"La izquierda da fueros", dicen que solía decir Néstor Kirchner. Se refería a que es la posición ideal para victimizarse, denunciando conspiraciones de poderes que supuestamente atacan a quien osa tocar sus intereses y privilegios para beneficiar a las masas. Por esa razón, la izquierda, igual que el patriotismo (según Samuel Johnson), puede convertirse en "el último refugio de los canallas". Por la misma razón, nunca existió un gobernante de izquierda que se sentara en el banquillo del acusado sin considerarse víctima de un complot de poderosos que persiguen y difaman a los justos.En rigor, en el otro lado del arco también se victimizan con teorías conspirativas a la hora de rendir cuentas. Y en ambos casos, muchas veces de verdad son víctimas de lo que hicieron bien y no de sus fallas.Aun así, se trata de la coartada más usada de la historia. La diferencia está en la calidad de su elaboración y presentación.Cristina Fernández es, por lejos, la mejor oradora de la política argentina y lidera la fuerza más organizada y con mayor cantidad de militantes convencidos de que, en todos los órdenes, siempre dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.Esto, sumado al talento escénico que despliega en actos como los que sólo el kirchnerismo sabe y puede organizar, le permite colocar la palabra y la imagen en confrontación con la realidad.De todos modos, de momento, quienes confunden la postal con la realidad son una minoría. Contundente y envidiable para cualquier partido y dirigente, pero minoría al fin.El panorama podría cambiar si el Gobierno errara en su cálculo sobre una recuperación económica en el segundo semestre. Pero, hoy por hoy, son muchos más los argentinos que vieron a una diva ególatra y manipuladora que los que vieron a una heroína perseguida.Por ejemplo, ni Mauricio Macri ni Sergio Massa podrían pronunciar un discurso como Cristina, ni conmover desde un escenario como puede hacerlo ella, ni presidir actos tan multitudinarios como los que ella preside. Sin embargo, la simple ecuación entre imagen positiva e imagen negativa de cada uno muestra que Massa derrotaría con amplitud a la líder kirchnerista en las urnas si se votara mañana.También la vencería con holgura Macri, pese al daño que están produciendo en su imagen el ajuste, la inflación y el desempleo. Ni el crecimiento de la pobreza ni la aparición de su nombre en los Panamá Papers lo impedirían.Ese paisaje sigue siendo como el que mostraron los comicios legislativos de 2013 y la elección presidencial de 2015: claramente contrario a la continuidad de Cristina y el kirchnerismo en el poder. Postal Los que acompañaron a la líder a los tribunales de Comodoro Py escucharon una argumentación histórica con verdades y también con estratagemas falaces. Más allá de que la razón del juez para citarla dejó grandes dudas en todo el arco político, la multitud ovacionó a Axel Kicillof, quien fue responsable, como poco, de "un error" garrafal que costó al Estado más de cinco mil millones de dólares transferidos a ricos especuladores. También ovacionó cada afirmación de Cristina, con lo cual mostró creer con fe casi religiosa esa explicación según la cual la persiguen porque lideró un gobierno que defendió a la patria de sus enemigos internos y externos. Y sacó dinero a los ricos para dárselo a los pobres, además de haber irradiado amor a todos los argentinos sin distinción de banderías y haber propiciado un nivel de libertad desconocido en el país.Con estupefacción, la otra vereda se preguntaba por qué esa feligresía, con procedencia social y formación cultural de clase media, ya no ve realidades tan evidentes.Dejando de lado que pobreza, inflación y estancamiento empezaron a crecer en su segundo mandato, y aceptando que la acusación de Claudio Bonadio puede responder más a enconos personales que a razones jurídicas de peso, ¿por qué la cofradía kirchnerista no se pregunta por el crecimiento inexplicable de la riqueza de la familia presidencial, en paralelo a la creación espontánea de la fortuna que está a nombre de Lázaro Báez?Ese fenomenal crecimiento no es una especulación periodística. Lo inexplicable es lo que está en blanco y declarado ante la Administración Federal de Ingresos Públicos.No hace falta llegar al resto oculto del témpano que asoma en la superficie patagónica. Con ver la dimensión de la punta que emerge, es imposible no entenderlo como la consecuencia de un aparato de corrupción basado en la cartelización con sobreprecios de la obra pública, organizado desde la cúpula gubernamental.Tanto Massa como Macri vencerían en las urnas a Cristina, a Kicillof o a quién ella designara desde su púlpito, aun sin contar con una masa de seguidores dispuestos a poner tanta voluntad para confundir una postal con el paisaje real.Nadie en el massismo ni en el macrismo haría tan conmovedor esfuerzo para no ver el vínculo obscenamente expuesto entre dos fortunas que crecieron abrazadas durante los gobiernos de Néstor y Cristina.Ni Massa ni Macri despiertan veneración, ni manejan militantes tan organizados, ni pueden reunir multitudes que digan amén a cada afirmación que hagan.Pero eso no es una debilidad. Al contrario: es parte de la razón por la cual cualquiera de ellos vencería en un balotaje a esa líder, cuya capacidad oratoria y talento escénico la vuelven imponente en los escenarios.

