La política, entre dos bicentenarios
Si en el centenario había signos positivos en la reducción de la desigualdad, hoy pasa lo contrario.
Los aniversarios son oportunidades para balances y reflexiones. En el caso de la Argentina, el país tiene la particularidad de tener dos fechas patrias: el 25 de Mayo y el 9 de Julio. Por esta razón, a comienzos del siglo 21 tiene dos bicentenarios. Al conmemorarse el Bicentenario de la Revolución de Mayo seis años atrás, en mi opinión, había tres grandes asignaturas pendientes para la democracia argentina: la desigualdad social, las prácticas electorales no transparentes y la falta de un sistema de partidos sólido. Hoy, es interesante revisar cuánto se ha avanzado en resolver o por lo menos encauzar estas tres asignaturas pendientes. Comenzando por la primera, la respuesta más concreta lleva a una palabra: nada. Más allá de la pobreza y el desempleo, la Argentina no ha logrado avances en los últimos seis años en materia de desigualdad. Ella es el gran conflicto social de largo plazo, no sólo en Argentina o América latina, sino también en la sociedad global.Esto es una de las explicaciones del malestar social en los países desarrollados, que siguen siendo la meta desesperada para quienes huyen ya sea por guerra o por hambre de los países subdesarrollados. Desde la economía suele ponerse el énfasis en la marcada reducción de la pobreza que en las últimas dos décadas generó el crecimiento impulsado por las grandes economías emergentes de Asia, pero al mismo tiempo se debe advertir sobre que este ha cesado en los años recientes. El Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), a fines de 2015, sostuvo que el 40 por ciento de los chicos vivía en la pobreza. Si bien pobreza no es desigualdad, es una manifestación de ella, ya que si aumenta la pobreza, también aumenta la desigualdad. Retroceso Si en 1916 el país podía mostrar resultados positivos en la reducción de la desigualdad, en los últimos años se ha registrado retroceso. Quienes menos tienen sólo pueden tener educación, salud y seguridad públicas. Mejorarlas es la política más importante para reducir los niveles de desigualdad en una sociedad. En cuanto a las prácticas electorales no transparentes, posiblemente 2015 ha sido un punto de inflexión. Desde el restablecimiento de la democracia en 1983, las irregularidades electorales fueron aumentando y no disminuyendo. No se avanzó en la transparencia electoral durante las últimas tres décadas, sino que sucedió lo contrario. La realidad mostraba que quien ejercía el poder, ya fuera nacional, provincial o municipal, tenía una clara ventaja para perpetuarse ganando elecciones sucesivas. Las elecciones provinciales realizadas justo en Tucumán, en 2015, pueden haber sido el punto de inflexión en la dirección contraria. Las irregularidades tucumanas se nacionalizaron y generaron una conciencia nacional sobre el problema. La fiscalización masiva que tuvo Cambiemos en los comicios nacionales del año pasado y en la provincia de Buenos Aires posiblemente no se hubieran dado si Tucumán no hubiera dado la alerta. El 2 de abril de 1916, un siglo atrás, tuvo lugar la primera elección presidencial con la ley del voto universal, secreto y obligatorio, cuando fue elegido por primera vez Hipólito Yrigoyen. En 2016, un siglo más tarde, se pone en marcha la reforma electoral más ambiciosa desde 1983. Entre otras iniciativas, buscará extender el uso de la boleta electrónica a las elecciones nacionales. Eficacia Respecto a la tercera asignatura pendiente, la falta de un sistema de partidos sólido para el funcionamiento eficaz de la democracia, cabe la posibilidad de que haya comenzado a solucionarse en 2015, con el triunfo de Cambiemos en la presidencial. En las tres elecciones presidenciales precedentes (2003, 2007 y 2011), el peronismo se presentó dividido en tres alternativas, las que, sumadas en las tres oportunidades, superaron el 60 por ciento. Frente a ello, el no peronismo siempre se presentó dividido, sin posibilidad de constituirse en alternativa de poder. El bipartidismo atenuado que había tenido la Argentina durante el siglo que se inició en 1916, y que hasta 1946 fue entre radicales y conservadores y desde entonces entre peronistas y radicales, había dejado de funcionar. Ahora, en la cuarta elección presidencial del siglo 21, ganó por primera vez una fuerza no peronista, que es Cambiemos. Si en los próximos años la política argentina se reorganiza nuevamente sobre la base de dos ejes alternativos, uno que prioriza la distribución de la riqueza (peronismo), y otro más centrado en las reglas institucionales y el crecimiento (Cambiemos), el país puede pasar a tener el sistema de partidos estables que la democracia necesita. En conclusión, en los seis años que transcurren entre los bicentenarios de la Revolución de Mayo y de la Declaración de la Independencia, la Argentina está dando señales de comenzar a corregir dos asignaturas pendientes en lo político: la transparencia electoral y la necesidad de contar con un sistema de partidos sólido, pero no registra progresos en la desigualdad, la gran cuestión social de los próximos años. * Director de Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

