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La política de la no política

Son políticos, hacen política, viven de la política y van a elecciones como candidatos de partidos políticos propios; pero, hábilmente, se presentan como ajenos, no partícipes.

04 de octubre de 2013 a las 02:00 p. m.
Emilio R. Graglia*
La política de la no política

Degradación, burla, escarnio, ramplonería. Todo cabe a la hora de que ciudadanos enojados, frustrados o desesperanzados califiquen a la política y a quienes la ejercitan. Ya a mediados del tiempo que transitamos en democracia, surgieron enojos ciudadanos que se traducían, por ejemplo, en que en vísperas de elecciones se fomentara la candidatura del mono Silvio, ilustre habitante del zoológico de Córdoba.Conductas propias de los agentes políticos e intereses foráneos a la actividad hicieron que el enojo tuviera fundamentos más o menos justos. La imposibilidad de que el disgusto se manifieste a través del denominado voto en blanco –ya que, Pacto de Olivos mediante, a esa manifestación de voluntad popular se le ha quitado toda entidad política– hizo que el ciudadano busque alternativas. La posibilidad mono Silvio, por lo grotesca, quedó sólo en la humorada, pero la búsqueda de cómo manifestar su enojo hacia la clase política ha estado siempre latente. Del mono a la coneja Advertidos de la situación, algunos dirigentes se camuflan. Son políticos, hacen política, viven de la política y van a elecciones como candidatos de partidos políticos propios, pero hábilmente se presentan como ajenos, no partícipes. De modo tal que parece valer para esta clase de dirigentes la marca de origen, aquello de que vienen de fuera, de la actividad privada, del deporte, de la música, del cine o la televisión. Así las cosas, poco importa la entidad intelectual de un candidato por ingresar, a la hora de valorar sus méritos para el cargo; basta con que sea pintoresco para la ciudadanía y que se presente como una molestia para la clase política de carrera y listo: el mono se ha convertido en una coneja. Resuelta la imposibilidad jurídica de que un primate sea candidato, lo suplen por un ente que reúna los requisitos de la ley electoral. La degradación así consumada sólo sirve para el transitorio desahogo del enojado, frustrado y desesperanzado, pero de ningún modo ello es un avance hacia la consolidación de las instituciones de la República.

*Dirigente de Acción por la República