La política, bajo un viento que arrasa
La comunicación oficial parece no haber comprendido todavía que los mensajes a la sociedad, además de verdaderos, necesitan ser verosímiles y demostrables.
Como si las aguas de la política no estuvieran ya agitadas con demasía, la imputación de Cristina Fernández por parte del fiscal federal Guillermo
Marijuan en la causa por lavado de dinero ha sido ayer el disparador de algo que puede parecerse a un tsunami.
Ocurre a sólo tres días de la masiva movilización que anuncian los seguidores de la expresidenta para acompañarla a Tribunales, y cuando los liderazgos en el kirchnerismo exhiben una aguda crisis. Parece increíble que esto suceda en la fuerza política que más poder acumuló y ejerció de manera discrecional desde la recuperación de la democracia hasta hace cuatro meses, pero la realidad no elige los momentos ni los personajes con los que va fraguando la historia. Luego de que el valijero Leonardo Fariña se amparara en la ley del arrepentido para contar nombres y detalles de las maniobras ilegales, en la cúpula del kirchnerismo imaginaban este desenlace. Tanto que desde la detención del empresario Lázaro Báez se han incrementado los contactos de legisladores y operadores que responden a la expresidenta con funcionarios del Gobierno. Hablan de establecer ciertas seguridades para la vuelta de Cristina a Buenos Aires, y de que la jornada del miércoles en las calles transcurra en paz. Ninguno de los interlocutores está en condiciones de dar garantías plenas. Este complejo escenario muestra también que el amateurismo político del gobierno de Cambiemos ha comenzado a intensificar la producción de sus propios errores, y el presidente Mauricio Macri, a sufrir las consecuencias. La divulgación de los Panamá papers, donde se revela información reservada sobre miles de sociedades offshore radicadas en ese paraíso fiscal, logró poner bajo sospecha la pregonada transparencia de las declaraciones juradas del jefe de Estado, y lo que podría haber sido solamente un trámite aclaratorio de corta vida, se convirtió en un problema político que dejará sus huellas. Ese tango Si toda la información sobre aquella sociedad constituida por el padre del Presidente en 1998, en la que inscribió como directores a sus hijos, hubiese sido puesta de manera inmediata a disposición de la prensa y de la Justicia con todas las aclaraciones necesarias, es probable que el episodio ya estuviera superado. El Gobierno respondió, primero, con un comunicado sin profundidad, y luego con una declaración de Macri al programa Voz y Voto . También su aliada Elisa Carrió apareció en televisión mostrando supuestas pruebas irrefutables a favor de Macri, como si ella sintetizara la verdad absoluta. Nada de eso consiguió disipar las dudas. La comunicación oficial parece no haber comprendido todavía que los mensajes a la sociedad además de verdaderos necesitan ser verosímiles y demostrables, y que no alcanza sólo con decir que este no es un gobierno corrupto como lo fue el anterior. Juristas especializados vaticinan que el caso en Tribunales terminará sin afectar a Macri, pero el costo político que está pagando repercutirá sobre su imagen. En algunos despachos de la Casa Rosada lamentan con razón que este traspié del Presidente lo puso a jugar en un terreno donde se está librando una colosal batalla entre la corrupción y la Justicia, con la impunidad en el medio. Que personajes que gozaron de la íntima confianza de Néstor Kirchner, como el exfuncionario Ricardo Jaime y el empresario Báez, estén presos por una abrumadora cantidad de pruebas de ilícitos cometidos al amparo del Estado, y que hasta Cristina esté comprometida, muestra que los jueces federales despertaron de su letargo y ahora quieren santificarse castigando las manos sucias de la políticaEl problema que le plantea a Macri esta situación es que el kirchnerismo utiliza el argumento de la sociedad en Panamá para igualar niveles de corrupción y dejar en la opinion pública la idea del tango Cambalache : "…en el mismo lodo, todos manoseaos". Ojo atento El notable oportunismo que ejercen hoy los jueces no debería llamar la atención porque es un clásico de la histórica relación entre la Justicia y el poder. La afirmación de Macri acerca de que garantiza la independencia de los magistrados les facilita a algunos jueces embestir ahora contra la corrupción kirchnerista, pero también les permite a otros proteger a exfuncionarios con artilugios legales de distracción. Tanto en Tribunales como en oficinas de la Casa Rosada, el juez Sebastián Casanello sigue despertando sospechas, y a pesar de sus últimas medidas hay quienes afirman que no estaría muy decidido a llegar a un eventual procesamiento, y menos a la detención de Cristina. Apartarse cuanto antes de la causa estaría entre sus deseos más fervientes. Otra muestra del entramado que mezcla a la política con la Justicia es que la tardía decisión del presidente Macri de ponerse a disposición de los jueces y de crear un fideicomiso que controle sus bienes personales surgió de una reunión en Olivos el jueves por la mañana. Allí estuvo, otra vez, el radical Ernesto Sanz, convertido ya en un miembro extraoficial del gabinete; el jefe de Ministros, Marcos Peña; el titular de Justicia, Germán Garavano, y también el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici. El tema fue la situación judicial del país, pero también la complicación que significa estar bajo el cuestionamiento permanente de la diputada Carrió.De allí trascendió que Angelici será oficializado como asesor personal de Macri y dejará de operar en Tribunales. La noticia entusiasmó a Carrió porque significa que podrá colgarse una nueva medalla por la búsqueda de transparencia, pero también se supo que no terminarán allí sus planteos y su insistencia colma la paciencia del Gobierno.Como si todo no estuviese por demás convulsionado, la semana que se inicia promete más, mucho más. Por lo pronto, las sesiones del Congreso se suspenderán hasta fin de mes. Son los tiempos, los miedos y las debilidades de la política.

