La pertenencia latinoamericana
Un estudio apunta que el 75 por ciento de los argentinos tienen un sentimiento de identidad latinoamericana o sudamericana.
E stábamos acá, compartiendo el mismo escenario vital, el paisaje, una cultura, un idioma, pero no terminábamos de asumir que no sólo teníamos una historia y un presente común sino, sobre todo, un destino. ¿Cuándo y cómo fue que empezamos a recuperar aquel sentido de pertenencia latinoamericana original que en los albores del siglo 19 nos había puesto en el camino de la independencia, como la promesa de una nueva y gran nación en la faz de la Tierra? En la vida de los pueblos, suele suceder como en la de la gente: en los momentos difíciles es cuando quedan en claro los afectos impostados de los verdaderos. La Guerra de Malvinas nos había puesto bala contra bala con las potencias capitalistas, custodios de los supuestos valores civilizados de Occidente, y los apoyos, algunos concretos, venían desde nuestro vecindario natural, América latina. Esa a la que le habíamos dado la espalda atrapados por la fantasía europeísta que a algunos les daba la piel blanca y la vanidad porteña de ser el último faro del viejo continente. Después vino la restauración neoliberal, nos entregamos a las relaciones carnales con Estados Unidos y creímos –muchos pero no todos, claro– que el dólar barato nos devolvía la condición de ciudadanos del mundo. La crisis que vino con el amanecer del siglo 21 nos regresó los rasgos del continente que había atravesado por el final del siglo 20 con procesos parecidos, dictaduras y democracias entregadas al mercado y maniatadas por los organismos financieros internacionales. Ya no estábamos para espejitos de colores, y la región, en especial Sudamérica, comenzó a ponerse de pie mirándose a sí misma y sosteniéndoles la mirada a los demás. Ahora, esta sensación parece haberse consolidado. Un estudio indica que, si se trata de asumir una identidad, más del 50 por ciento de los argentinos se siente latinoamericano y más del 25 por ciento, sudamericano, una distinción sutil pero que en total da un contundente 75 por ciento de sentido de pertenencia regional. Mientras, la categoría “ciudadano del mundo” identifica a poco más del 10 por ciento. Los indicadores surgen del programa “Las Américas y el mundo”, del Centro de Investigación y Docencia Económicas de México, coordinado en Argentina por las universidades privadas Torcuato Di Tella y San Andrés. Esta percepción de afirmación de la conciencia de integración regional acaso pueda corroborarse con el hecho reciente de la participación en la campaña electoral hacia la presidencia argentina de dos figuras políticas sudamericanas: Evo Morales, presidente de Bolivia, y Lula Da Silva, expresidente de Brasil. Más allá de que ambos vinieron a respaldar la continuidad del modelo de Cristina a través de la candidatura de Daniel Scioli, en principio no se cuestionaron sus presencias como un acto de “intromisión”, sino que se vivió como algo natural de este tiempo, en el que los porvenires de los pueblos americanos están cada vez más ligados. Es dable suponer que hubiera sucedido algo similar si hubiese sido otra la figura y otro el candidato apoyado. Tal vez esa gran nación no constituida ya está entre nosotros. Y nosotros en ella.

