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La otra deuda de la provincia de Córdoba

Se dedican los fondos públicos a tapar las carencias con obras faraónicas de embellecimiento, que aumentan la deuda externa y no atienden las necesidades esenciales del pueblo cordobés.

03 de junio de 2022 a las 12:14 a. m.
María Rosa Marcone*
La otra deuda de la provincia de Córdoba
Centro civico, panal, casa de gobierno, sede de la administracion provincial. (Nicolas Bravo)

El 21 de marzo, este diario publicó los datos de la deuda externa de la provincia de Córdoba. ¿Tenemos idea de a cuánto asciende la otra deuda, la deuda interna? Esa que no se ve, no se contabiliza, pero que también va creciendo a lo largo de los años.

Una deuda que se reconoce en las promesas que se hacen en campaña (100 escuelas nuevas, internet para todos, gas en todos los pueblos, a ningún cordobés le va a faltar el agua potable, extendemos las obras de cloacas, todos los cordobesitos y sus familias tendrán acceso al sistema de salud…), pero que se olvida cuando se tiene la responsabilidad de gestionar para el bien de todos.

Se dedican los fondos públicos a tapar las carencias con obras faraónicas de embellecimiento, que aumentan la deuda externa y no atienden las necesidades esenciales del pueblo cordobés.

“¿Y quién paga la deuda interna? ¿Quién paga, quién se hace cargo de la deuda que el país tiene consigo mismo y con su gente?”, se preguntaba hace años Miguel Pereira, realizador del documental ficcionalizado La deuda interna.

Mientras el Estado provincial no tome conciencia de la magnitud de esa deuda y no arbitre medios concretos para saldarla, la seguirán soportando los hombros de los más débiles: la afrontarán las becarias de las salas cuna (que aún no cobraron los ocho mil pesos de febrero); los alumnos que asisten al Paicor y no reciben las raciones de carne ni de verduras por las que el Estado paga a las empresas, pero no llegan a las escuelas; las mujeres del sur provincial que se ilusionaron con la inauguración del Polo de la Mujer de Río Cuarto y hoy no tienen ni un número de teléfono para pedir ayuda; las familias que van una y otra vez a los dispensarios con problemas de gastroenteritis porque no tienen acceso al agua potable; las madres que tienen que salir a la madrugada para conseguir ser atendidas en el hospital y vuelven caminando para mendigar unas monedas con las que comprar los remedios que les recetaron, pero no les proveyeron; los docentes que se ponen al hombro su tarea en edificios que se llueven; los niños que no pueden jugar en las plazas porque hubo que clausurarlas por el riesgo eléctrico; los mayores que tiritan en invierno porque no hay gas en su pueblo o no pueden pagarlo si viven donde sí llega; el personal de salud que trabaja precarizado y sin insumos básicos, los jóvenes que aceptan cocinar droga porque no acceden a otros trabajos y acaban consumidos por consumirla…

Mientras no miremos y reconozcamos esta deuda, ella seguirá creciendo, y también las distancias económicas, culturales, sociales, devorando sueños y esperanzas.

* Legisladora provincial