La mejor noticia de todos los tiempos
José Gabriel del Rosario Brochero fue una buena noticia para los periódicos de su época y continua siéndolo hoy.
En pocos días, los cristianos del mundo celebraremos la buena y mejor noticia que jamás se haya anunciado: la Pascua de Jesucristo, esto es, la victoria definitiva del amor de Dios sobre el pecado y la muerte. La resurrección de Jesucristo es un nacer a la vida eterna.
La pregunta que nos podemos hacer es ¿de qué modo esta buena noticia lo es también para mi propia vida, mis actividades, mi cotidianidad hecha de trabajo y de sacrificios?
Nuestro punto de partida es un Dios hecho hombre, que habitó en la Tierra, que entró como hombre perfecto en la historia del mundo, asumiéndola y recapitulándola en sí mismo, que nos enseñó que la ley fundamental de la perfección humana es el mandamiento nuevo del amor.
Trabajando con sus propias manos, junto a su padre adoptivo José de Nazaret, hizo de la mayor parte de su vida una ofrenda agradable a Dios y a sus hermanos, los hombres.
El Concilio Vaticano II nos recuerda que la perfección de la actividad humana se encuentra precisamente en el misterio pascual. Jesucristo, sufriendo la muerte por todos nosotros, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que el mundo echa sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia.
Constituido Señor por su resurrección, obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre, no sólo despertando el anhelo de un mundo nuevo, sino alentando, purificando y robusteciendo también con ese deseo aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la Tierra a este fin (ver constitución pastoral Gaudium et Spes, 38).
Los santos, hombres de carne y hueso, nos enseñan con su vida que el misterio pascual se expresa en obras concretas.
Hace pocos meses, la Iglesia Católica reconoció la santidad del cura Brochero: experimentando el dolor de las pruebas en su intensa vida apostólica, en cada una de las etapas de su vida se interesó por el desarrollo socioeconómico de sus fieles, la enseñanza, los caminos, el ferrocarril; su corazón sacerdotal se volcó siempre en el servicio hacia los más necesitados.
Por ese motivo, José Gabriel del Rosario Brochero fue una buena noticia para los periódicos de su época y continua siéndolo hoy.
* Sacerdote católico. Miembro del Comipaz

