La imagen de un poder debilitado
Algunos funcionarios de alto nivel atribuyen a la mala suerte los reveses que viene sufriendo el Gobierno kirchnerista en los últimos tiempos.
La política no puede ser considerada como un juego de azar. Y aunque también esté vinculada a triunfos y derrotas, la gravitación del factor suerte no es decisiva. Sin embargo, en conversaciones privadas, algunos funcionarios de alto nivel atribuyen a la mala suerte los reveses que viene sufriendo el Gobierno kirchnerista en los últimos tiempos. "Pocas alegrías para tantas penurias", sostienen resignados. La semana que pasó es un claro ejemplo que se puede resumir con unos pocos hechos de trascendencia: Argentina no pudo ganar la Copa Mundial de fútbol y el oficialismo se quedó con las ganas de capitalizar políticamente un acontecimiento de honda repercusión popular.Para peor, los disturbios en el Obelisco –transmitidos a todo el país– exaltaron la falta de prevención policial y la impunidad del delito cuando el Estado se ausenta o demora.Otro lamento tiene que ver con la mezquina respuesta de la cumbre del Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) al discurso de la presidenta Cristina Fernández en el que reclamó apoyo para el planteo argentino contra los "fondos buitre". Hubo aplausos y sonrisas de aprobación, pero nadie puso la firma en un documento de apoyo. Se asegura que Cristina volvió disgustada con la anfitriona Dilma Rousseff, porque esperaba más del encuentro. De cabotaje El infortunio siguió con otra derrota política en el ámbito de la Justicia. El Tribunal de Enjuiciamiento del Ministerio Público resolvió levantar la suspensión del fiscal José María Campagnoli, que ahora podrá volver a su fiscalía tras un juicio con escándalo. La procuradora Alejandra Gils Carbó y los integrantes de la agrupación Justicia Legítima le habían prometido a la Presidenta que Campagnoli sería destituido y de ese modo se desactivaría la investigación al empresario Lázaro Báez, vinculado por negocios con la familia Kirchner.Las descaradas presiones oficiales no dieron resultado, lo que muestra que la influencia y la capacidad de operar del oficialismo en la Justicia están en franco deterioro, a tono con el fin de ciclo. Y es también una prueba del hartazgo de los magistrados por los continuos ataques que reciben del poder político.A su vez, la travesía tribunalicia del vicepresidente Amado Boudou ha entrado en un callejón cada vez más oscuro para el Gobierno. Se le suman causas, citaciones y sospechas, y cada día que permanece en el cargo se desprestigia más la figura presidencial por mantenerlo en ese lugar.Hay también otros episodios que marcan límites a la obsesión kirchnerista de tener una Justicia adicta: la Sala II de la Cámara de Casación confirmó la condena a la exministra de Economía Felisa Miceli a cuatro años de prisión e inhabilitación para ocupar cargos públicos durante ocho años. Es por el hallazgo de una bolsa con dinero en el baño de su despacho, en 2007.Se conocen más fallos, de menor trascendencia, que van en contra de los deseos oficiales y también sería inminente una nueva judicialización de la llamada ley de medios, que podría paralizar los planes de adecuación a esa norma por parte de los empresarios del sector.El motivo es que la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) no da trato igualitario a todos los grupos, tal como lo dispone el fallo de la Corte Suprema que declaró la constitucionalidad de la ley. Un atenuante El regreso del juez neoyorquino Thomas Griesa luego de sus vacaciones pondrá esta próxima semana a la crisis por la deuda con los "fondos buitre" en un sendero de definiciones. El permanente vaivén del Gobierno nacional entre la dureza dialéctica y la negociación secreta –que permite aceptar condiciones desventajosas sin poner en riesgo el relato– tarde o temprano también deberá confrontarse con la realidad. Hasta ahora, los mercados financieros reaccionaron con moderación, quizá confiando en que haya un arreglo consensuado. Pero los inversores internacionales siguen esperando, con la tranquilidad que les da saber que el mandato de Cristina finaliza de manera indefectible el año próximo.En ese contexto de dificultades y malas noticias, los acuerdos de cooperación bilateral firmados con China fueron tomados como aire fresco que entra a la Casa Rosada. Ese país no sólo financiará obras de infraestructura y agilizará negocios entre privados, sino que, mediante un mecanismo de intercambio de monedas, fortalecerá las reservas del Banco Central.No es poco para una economía que, a nivel de las familias y por la inflación indetenible, ve caer por primera vez en 12 años el consumo interno, idea central del modelo kirchnerista.

